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miércoles, 14 de mayo de 2025

El poder de los Museos

 


¿Qué se pretende con señalar un día al año como el “Día Internacional de los Museos?

 

El Consejo Internacional de Museos (ICOM), desde 1977, cada 18 de mayo, acordó celebrar el Día Internacional de los Museos, con la idea de motivar al público a visitarlos y sensibilizar a la población sobre el papel que juegan en el intercambio cultural y el desarrollo social de los países”.

 

Elda naturalmente no es una excepción y se une con entusiasmo a ese día señalado para ofrecer lo mucho que encierra la historia de su pasado y la proyección cultural que supone para el futuro.

 

Todos los muesos, por sencillos o modestos que parezcan, son sumamente interesantes para mostrar al gran público una faceta histórica de los bienes custodiados y proyectar una aleccionadora luz que, además de preservar y estudiar el patrimonio cultural, difunde el conocimiento y la cultura a través de exposiciones y actividades educativas, y fomenta la participación social y el diálogo.

 

Hay variedad de museos en función del tipo de objetos relacionados: arte, historia natural, arqueología, monográficos, históricos, de ciencias, de tecnología, y un largo etcétera que abarcaría cientos de tipos diferentes. Sin embargo, merece una especial mención para Elda y su industria el Museo del Calzado.

 

El Museo Internacional del Calzado

                                                

De los muchos mensajes que se lanzan en el día internacional de los museos, y con el respeto y admiración que merece cualquiera de ellos, es de importancia destacar una vez más, el influjo y la aportación a la ciudad de Elda y a la industria del calzado en general, por los beneficios inmediatos que aporta un museo del calzado.

 

De entre todas las diferentes clasificaciones de tipos de museos que pueden encontrarse en el mundo hay unos que además de aportar historia, cultura, turismo y prestigio, entre otras, añade un factor más práctico y necesario, se trata ni más ni menos que evidenciar la necesaria influencia que un museo industrial puede llegar a enriquecer una determinada industria e incluso abogar, sin palabras, por un mayor crecimiento y una llamada a la inversión y al empleo.

 

Preservar y comunicar el pasado y presente del patrimonio industrial promoviendo la historia, la tecnología y el desarrollo social e industrial, es no sólo conservar objetos, es dar pie para la investigación de procesos, la divulgación del conocimiento y la promoción del turismo industrial. Es también poner de manifiesto que la ciudad que lo exhibe, es una fuente inagotable de conocimientos zapateros, de perfección en el trabajo, de sacrificios permanentes y, por lo tanto, un pueblo en el que se puede confiar para la consecución de cualquier iniciativa profesional nacida para y por el zapato.

 

¡FELIZ DIA INTERACIONAL DE LOS MUSEOS!

 

 

 

viernes, 17 de mayo de 2024

Ejemplares momentos de la industria del calzado. 100 años del primer asociacionismo empresarial del calzado en Elda

 

Ejemplares momentos de la industria del calzado. 100 años del primer asociacionismo empresarial del calzado en Elda
Moderna fábrica de calzado de Rodolfo Guarinos Vera, en 1919, creada en 1902 y situada en el final de la actual calle Purísima, en la zona conocida como "Portal del Ángel", con fachada a la calle Gonzalo Sempere.

Este año 2024 se conmemora el centenario del primer intento de creación de un asociacionismo empresarial alrededor de la industria del calzado.

En Elda y Petrer había un nutrido grupo empresarial encabezado por las míticas industrias de Silvestre Hernandez, Romero Utrilles, Casto Peláez, Francisco López, Pérez y Amat, Vda. de Juan José Guarinos, Pablo Pérez, Pablo Guarinos, Blas Amat, Mondéjar y Navarro, Vicente Esteve, Eugenio H. Browne, con varias industrias en poblaciones vecinas y en Elda, donde también estaba una de sus principales fábricas. También figuraban Francisco Martínez Orgilés, conocido industrial con el prestigiosos premio “Copa de plata” que transformaría en su propia marca, Manuel Vera Bañón; Teófilo Romero; Vera Hermanos; Luvi en Petrer, Antonio Porta o José Jerónimo Guill y Rodolfo Guarinos. Todas ellas y muchas más, que llegarían al centenar, se consideraban empresas de tamaño grande y mediano que daban empleo a centenares de trabajadores, pero había también talleres con una decena y menos obreros que se unieron a esa asociación. Además, eran importantes algunas fábricas de productos auxiliares, como Isidro Aguado Aravid o Constantino Bañón, José María Navarro, en maquinaria, o Emérito Maestre y algunas otras que realizaban trabajo para los complementos: hormas, tacones, cajas de cartón e incluso existía una pequeña tenería junto al río Vinalopó, propiedad de Emilio Maestre, que además representaba otros tipos de pieles.

La Asociación de Fabricantes de Calzado de Elda y Petrer

En Elda se creó la Federación Patronal de Fabricantes de Calzado, fundada en 1924 con 65 asociados, pero quedó en un intento fallido que duró escasamente un año. La pretenciosa federación de empresarios quería convertirse en el punto de confluencia de los intereses industriales del sector en España, y no se llegó conseguir. Las industrias dispersas en otras provincias y ciudades: Almansa; Vall d'Uxó, Baleares e incluso Madrid, por hablar de algunos de los focos industriales de los primeros años del siglo XX, no llegaron a comprender la idea de los beneficios que podrían conseguirse con la unidad de todos en una federación y aquellos 65 inscritos representaban casi en su totalidad a fabricantes de Elda y Petrel.

Teófilo Romero Juan, dos años más tarde, en 1926, impulsó lo que sería, con menos ambiciones geográficas, la primera Asociación de Fabricantes de Calzado de Elda y Petrer, es decir, circunscrita a la zona zapatera del Medio Vinalopó, y con solamente 58 empresas asociadas, ese fue el punto de partida.

Los asociados representaban un importante empuje en el conjunto nacional de fabricación de calzado. 

La producción de zapatos en el año 1929 fue de 4.000.000 de pares de todas las clases por un valor de 38 millones de pesetas, según cifras que el propio presidente Sr. Romero, desveló en la revista socialista Horizonte en 1931.

Como casi todos los proyectos que se crean y están compuestos por muchas empresas, también la Asociación Patronal de Fabricantes de Calzado pasó por momentos de incertidumbre y, en el año 1933, debido a la falta de actividad, los errores cometidos y a la ineficaz labor llevada a cabo, la entidad trascurrió por un momento delicado que casi la hace desaparecer. El anuncio de su desaparición sería muy criticado en los ámbitos laborales de la época, tachándola de error descomunal y, con los peores augurios, surgía la pregunta ¿quién o quiénes podrán parar la descomposición de este sector zapatero que tanto beneficio está creando en la comarca? Fue el propio Romero quien, asumiendo los errores del pasado, aunó de nuevo e impulsó en 1934 la asociación para hacerla más fuerte y duradera.

El llamamiento al progreso de la ciudad era una constante y desde los periódicos o revistas de la época se lanzaban mensajes constructivos de unidad frente al progreso, instando a la creación de una Asociación de Fabricantes como instrumento al servicio del sector de calzado, ya muy desarrollado en la zona, que potenciase su economía y crease riqueza.

La industria del calzado, como todas las actividades industriales, tiene sus momentos de gloria y sus fases de declive, pero hay muchas clases de afrontar una crisis y hay también muchas causas que la originan, incluidas las injerencias políticas., como recordaba en una encendida proclama aparecida en la revista El Cronista, en 1935, Venancio Caballero refiriéndose a determinadas injerencias políticas en aquellos años.

José Maria Amat Amer

Ejemplares momentos de la Industria del Calzado. Los primeros zapateros

 


Alguna vez nos hemos replanteado la figura casi idílica de quienes fueron los primeros zapateros que vivieron y trabajaron en aquellos albores de la industria del calzado eldense, y protagonizaron el paso de la más pura artesanía a la fabricación en serie. 

Algunos historiadores nos han revelado datos por informaciones extraídas de los censos de la época, lo que se llamó “El Libro de la Seguridad Pública” que forman parte de los archivos municipales, y en el que se encuentran nombres de personas y oficios hacia la mitad del siglo XIX.

Según nos relata H. Soria del Castillo, que fue quizá el adelantado que se refirió a los antiguos zapateros de la villa, que uno de los primeros zapateros eldenses se llamaba Ramón "el Guiña", que trabajaba a las puertas de su casa en la calle San Antón, preparando zapatos de niño para comuniones y los vendía en los mercadillos de Salinas y otras pequeñas aldeas a las que se desplazaba caminando.

Cuando la industria del esparto estaba en todo su apogeo en Elda (aunque no nos consta que fuera para realizar calzado) y también había otras como la del papel de estraza, este hombre, el Guiña, era el hazmerreír del barrio en el que trabajaba a las puertas de su casa, y algunos se preguntaban el por qué de aquel oficio que, en aquellos primeros años del siglo XIX, era casi exclusivo de personas pobres, como así se hacía constar en el mencionado libro de Seguridad Pública, cuando se inscribía un nombre de profesión zapatero. Con frecuencia no era extraño que incluso se dirigiesen al mencionado Guiña, increpándole que estaba perdiendo el tiempo en hacer esos zapatos que probablemente nadie iba a comprar. Ese hombre, quizá desengañado de una profesión que no era suficientemente apreciada por sus conciudadanos, acabó sus días de portero en el Manicomio Provincial de distrito que estaba instalado a la entrada del pueblo, en el edificio en el que años antes se ubicara el Convento de Franciscanos, el que fuera inspiración para la obra de Castelar “Fray Filipo”.

A la vista de las inscripciones en el censo de trabajadores, donde aparecían peones o braceros casi analfabetos, se podían leer apellidos como: Yago, Mira, Esterlic, Castelló, Payá, Maestre, entre otros; estos pioneros realizaban los zapatos ayudados por su familia, por lo que no resulta raro que alguno de esos apellidos se extendiesen por la villa al pasar la profesión de padres a hijos.

Como era costumbre en los pueblos, el nombre de alguno de aquellos zapateros se conocía más por el apodo o mote que por el nombre y apellido, de ahí “el Chulo”, el nombrado “Guiña”, “Payá mayor” o Payá menor”, entre muchos otros. En alguna ocasión me contaba mi recordado amigo Isidro Aguado, que su abuelo, antes de llegar a ser el pionero en la fabricación de hormas, fue zapatero manual y también tallaba sus propias hormas de madera, algo que no era insólito, pero sí una excelencia tallarlas con la calidad con las que las realizaba Aguado. “Isidro el tallista”, le llamaban dada su destreza en los albores de la confección de calzado en serie. Isidro comenzaría desde muy joven a formarse como zapatero de silla que y, como muchos, también compaginaría este incipiente oficio con salarios de miseria con otras actividades locales incluida la agricultura.

El inicio del oficio de la fabricación en serie en Elda, en un dibujo monocromo en tinta, de Gabriel Poveda Rico “Leirbarg” recreando una estampa familiar de mediados del siglo XIX.

Los libros de censo o padrón de oficios de mediados del siglo XIX no recogían muchos de los que trabajaban haciendo zapatos y compatibilizando esta con otras actividades en las que Elda destacaba, como majar esparto, que incluía la recogida; hacer papel de estraza; o simplemente braceros o arrieros de la villa, de ahí que nombres que serían destacados en el mundo del calzado de aquellos años, como es el caso de Aguado, no aparecieran en referencias censales.

Lo cierto es que el oficio nació del propio oficio, es decir, los zapateros remendones de aquellos años tendrían el valor y el acierto de poner a la Villa de Elda en el camino del progreso, por el que hemos caminado durante casi dos siglos, sin olvidar que nada es totalmente gratis, y levantar una industria que supuso un esfuerzo titánico que hoy estamos obligados a cuidar, para que el trabajo y la riqueza de la ciudad se mantenga y crezca. No despreciemos por tanto cualquier esfuerzo, todo suma y todos somos necesarios.

José María Amat Amer

Ejemplares momentos de la industria del calzado. El principio de la industria zapatera en Elda.

                                          Maestros artesanos eldenses trabajando manualmente.


Es importante y aleccionador conocer cómo se fraguaron los mejores momentos que vivió la transformación de la industria del calzado en nuestra ciudad, en Elda. Las personas más jóvenes, aquellas que no vivieron los momentos más brillantes y emblemáticos de la industria del calzado local, deben conocer y no olvidar que hubo un tiempo en que Elda brilló con luz propia muy por encima de otras ciudades zapateras. Bajo el título genérico de “Ejemplares momentos de la industria del calzado” iremos desgranando, en este blog, paso a paso, alguno de los grandes logros conseguidos por quienes fueron los actores más importantes y como lo hicieron.

El principio de la industria zapatera en Elda

No todos los pueblos pueden contar con una trayectoria tan singularmente creativa creando riqueza, con las solas fuerzas de sus ciudadanos. Elda era un pueblo agrícola hace apenas dos siglos y de esa agricultura vivían sus pocos tres mil habitantes.

Otras villas, dentro y fuera de nuestra comarca, tuvieron similares situaciones y de la agricultura mantenían su mayor parte del trabajo. Sin embargo, hay que decir con toda justicia que Elda no abandonó su agricultura para industrializarse, esta ciudad perdió el agua en una época en la que había en abundancia, la salinidad del agua que recibía arruinó su fértil huerta. A partir de ahí nada se nos regaló, hubo que sacrificarse y luchar duramente para tratar de conseguir una nueva vía de subsistencia.

Un pequeño taller de zapatería fue el principio de todo, unos zapateros remendones realizando zapatos para vender en mercadillos de la zona, fueron las primeras semillas de lo que se convertiría toda una capitalidad industrial de fabricación del calzado. El milagro de Elda, puesto que así se le puede llamar, se produjo, pero esos milagros poco o nada se dan si no hay una férrea voluntad de luchar y unas ganas enormes de buscar un horizonte que marque el camino del éxito y ese, a mi juicio, fue el milagro, a veces lo que ocurre es que cuando se pone fe y empeño en el trabajo, la suerte, que es siempre necesaria, también ayuda y Elda tuvo su oportunidad.

Cuando en la ciudad ya se hacían muchos miles de zapatos cada día, la indefinición por un tipo concreto estaba por llegar, cohabitaban las fábricas de calzados de señora con las de series y chicarro o zapato para niños, aunque también se podía ver anuncios de final de siglo XIX en los que se leía "Fábrica de calzados de todo tipo", es decir, que lo mismo se fabricaba señora, caballero o niño. Fue en esos primeros años de trabajo en serie o lo que podríamos llamar la productividad de la artesanía, porque casi todo se hacía a mano, cuando recibimos una expedición de mahoneses que sin duda, contribuyeron en gran medida a definir, o más bien a reafirmar un estilo de calzado de mayor calidad si cabe, y con una mayor orientación al zapato de mujer de alta calidad y de ahí al calzado llamado de lujo o zapato fino.

A veces nos paramos a pensar en el porqué de nuestra casi exclusiva especialización en zapato de mujer y, dentro de ese tipo, en el más alto en materia de calidad y diseño; en algunos casos incluso se ha escuchado algún lamento de que, si en Elda se hubiese fabricado otros tipos incluido los deportivos, nuestros baches habrían sido menores o más llevaderos. Sin embargo, puestos a soñar, creo que esta alta especialización es, lejos de lo que podría pensarse, un acierto, porque para cubrir los posibles periodos de crisis en el calzado en general, nada mejor que una industria diferente. una industria alternativa al calzado; pero puestos a mantener nuestra industria principal que nos ha dado progreso y riqueza y ha permitido situar a Elda dentro de las ciudades más importantes de la provincia y la más prestigiada en fabricación de calzado de España, ¿por qué perder nuestras señas de identidad como ciudad en la que el calzado es sinónimo de calidad y diseño?, ¿acaso el calzado deportivo o el chicarro e incluso el de caballero, nos habría situado en una cota más alta de prestigio? Creo rotundamente que no, Elda es lo que es gracias a lo que fabrica y aquí están reconocidos los mejores estilistas en calzado de España y aquí sigue estando la mayor riqueza en prestigio y calidad, no superadas por otras ciudades que nos quintuplican en producción y ventas. Nuestro milagro es mantener ese prestigio, es cuidar nuestra calidad, es rivalizar con los más grandes, nunca con los mediocres o los pequeños, en referencia únicamente a la calidad y al diseño.

"... Y aquel espíritu generador que hizo del caserío una aldea y de la aldea una Villa, rompió el estrecho círculo donde se consumía en vida isócrona, rudimentaria y pobre, pues si la agricultura daba el vivir, éralo en medida estrecha y como máxima compensación a rudos esfuerzos consumidores prematuros del vigor físico y anuladores por atrofia de energías cerebrales, y al romperlo, se abrió nuevo horizonte en el ancho campo donde la noble lucha de las aspiraciones, forjan el bienestar y progresos humanos. Y así, donde solo hubo manejar de azadas, ruido de esquilas y chirriar de grillos, se oyeron metálicos sonidos del martillo sobre el yunque, bronco trepidar de poleas y artefactos y activo trajinar en unos menesteres que no eran la siembra ni la siega, ni la trilla ni la vendimia, pero que era también trabajo; trabajo encauzado por distintos derroteros donde no solo había fuerza muscular, sino también ejercicio de la inteligencia que lo avaloraba y le hacía rendir una vida más holgada, aplicándolo a los primeros rudimentos industriales que aparecieron manifestados por medio de herrerías, fábricas de papel, molinos de majar esparto y un raquítico taller de zapatería.

Y de aquel taller humilde, nacieron las grandes fábricas con sus amplios e independientes edificios construidos expresamente con tal fin; y los calzados de Elda, en producción progresiva invadieron la España toda, ganaron premios de honor en exposiciones extranjeras y consagraron como industrial a este pueblo, cuyo nombre fue llevado triunfalmente por sus hijos en viajes laboriosos, lo mismo a las grandes urbes comerciales que a las apartadas y silenciosas aldeas.... Y así se formó la moderna ciudad de Elda." Antonio Vera en el “Liberal del Elda” número extraordinario de 1915. 

José María Amat Amer

miércoles, 26 de febrero de 2020

El Coronavirus (COVID-19) y nuestra industria de fabricación de calzados

Los estragos que está causando el coronavirus en el mundo están sembrando de dudas el futuro de las economías más estables.
No sabemos el tiempo ni el alcance de esta epidemia que podría llegar convertirse en pandemia. Pero a la vista de lo que está sucediendo hay que prepararse para los tiempos que vienen.
En lo que respecta a la industria del calzado y, naturalmente la que más nos importa que es la industria eldenses, el cierre masivo de fábricas de calzados y componentes en China y otros países asiáticos, está creando una nueva estrategia en los mercados mundiales ya que la crisis sanitaria ha interrumpido la cadena de suministro de muchas compañías.
El calzado fabricado en China (también los de más alta calidad) está provocando un desabastecimiento en cadenas de empresas importadoras y estas apuntan hacia las industrias de Europa (además de Marruecos) para poder abastecerse de ese tipo de calzado de alta gama. China no sólo es la segunda economía mundial y el mayor de los principales mercados para muchos sectores de lujo y esos sectores, incluido el calzado, no pueden quedarse descolgados.
Ante el descenso ya palpable de los ingresos y la imposibilidad de saber cuándo se controlará la situación, las grandes corporaciones están desvelando, con mayor o menor detalle, el impacto que prevén en las cuentas de 2020.
Los mercados en los que se mueve el calzado influye el aspecto commodity como premisa más importante, por lo cual, la influencia asiática es actualmente mayor.
Es una posibilidad que fabricantes americanos, principalmente, trasladen sus expectativas de compra a nuestro país, que junto con Portugal, se encuentran en las primeras líneas de posibles suministradores de calzado.
¿Qué podemos esperar de nuestra ciudad? Lo podemos esperar todo, pero para ello hay que mover muy bien las fichas y concentrar nuestra oferta porque, en esta ocasión como en casi todas, el pez grande se comerá al chico.
Esta semana pasada pude hablar con algunos agentes de marketings relacionados con las ventas en mercados internacionales y me confirmaron que sí Elda tuviese una oferta centrada y concretada en un determinado lugar, podría hacer llegar un claro mensaje de lo que hacemos. Con nuestras solas fuerzas es posible que no pudiésemos llegar a muchas compañías, pero a través de agentes especializados y con apoyo institucional se podría lograr.
Las empresas interesadas en acometer mercados exteriores necesitan de la colaboración y el apoyo económico que puedan prestar las instituciones, dado que salir fuera a buscar mercado es bastante costoso y que el fruto de esta actividad no suele ser inmediato.
Los Salones Princesa son el escenario donde se podría atraer la mirada de compradores con una muestra agrupada de bolsos y zapatos, serviría de atractivo a las posibles comercializadoras que quieren readaptar su mercado de fabricación.
Es urgente que Elda conozca su capacidad productiva en conjunto y que realice con la mayor urgencia una exposición de los productos y servicios con los que poder dar respuesta, ante una desgraciada situación extraordinaria como la actual.
Sin demora: Unas exposiciones de nuestros productos utilizando el marco de los Salones Princesa y un llamamiento con la colaboración y ayuda económica de las instituciones: Ayuntamiento, Generalitat y Gobierno Central, a través de los ejecutivos de marketing y comercializadoras de calzado internacionales para atraerles a nuestras ofertas y productos de calidad.