jueves, 12 de febrero de 2026

Nuestras fábricas: Antonio Porta Rausa

 

Trabajadores de la fábrica de Porta a la salida del trabajo.


De cortador a empresario, Porta dejó una huella imborrable en la industria del calzado y en la historia de la ciudad

J. María Amat habla de Antonio Porta Rausa: de cortador a empresario.

Antonio Porta Rausa comenzó su carrera en los talleres del barrio de Tobar, donde aprendió el oficio de cortador y zapatero en un entorno donde los límites entre los oficios eran difusos. José María Amat recuerda: “Antonio Porta Rausa se inició trabajando en la fábrica de José Tobar. Allí, los oficios se mezclaban: un cortador podía montar zapatos, y un zapatero hacía pinitos cortando. Todos se perfeccionaban en la fabricación manual.” Esta experiencia formó la base de lo que sería su futura fábrica de calzado de alta calidad.
Primer taller y apoyo clave
Su primer taller se abrió en la calle Padre Manjón, cerca de lo que hoy es el Centro de Especialidades, con la ayuda de Norberto Rosas, proveedor de curtidos que facilitó la materia prima más cara del calzado. Amat destaca: “La piel era el material más caro, y gracias a Norberto Rosas muchos fabricantes pudieron establecerse de forma autónoma.” En esta etapa, Porta consolidó su reputación como artesano y emprendedor visionario.
La fábrica y la expansión internacional
Con el tiempo, Porta trasladó su negocio a unas naves en lo que hoy es la calle Elía Barceló, cerca de la Plaza Zapatero. Allí se producían zapatos de bottier, cada suela hecha a mano, y se organizaban secciones específicas para cortado, preparación de suelas y oficinas. “Antes de la Guerra Civil, la fábrica ya exportaba a Francia, Alemania, Holanda, Estados Unidos y Puerto Rico, sin abandonar el mercado nacional,” señala Amat. La empresa también se convirtió en escuela para futuros empresarios y artesanos del calzado

Ingenio y humor 

Antonio Porta no solo destacó por su talento industrial, sino también por su carácter y sentido del humor. Amat cuenta: “Recuerdo una anécdota con la marca ‘El Gato Negro’. Alguien denunció que la había copiado, pero Antonio respondió: ‘Señoría, no es un gato, sino una gata’. El juez cerró el caso, y todos celebramos su ingenio.” Así, Porta consolidó su legado como pionero del calzado eldense y ejemplo de esfuerzo, creatividad y pasión por su oficio.

sábado, 7 de febrero de 2026

Nuestras fábricas: La historia de Viuda de Antonio Juan Busquier

 

Trabajadores de la empresa en una manifestación el 18 de julio de 1945


POR SUS OFICINAS Y TALLERES PASARON TRABAJADORES Y VIAJANTES QUE MÁS TARDE FUNDARÍAN SUS PROPIAS FÁBRICAS
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De nuevo Toñi Pérez en una entrevista en radio Elda Cadena Ser, nos presenta una gran empresa de fabricación de calzados en Elda.
Durante décadas, el espacio que hoy ocupa la plaza del Zapatero fue uno de los corazones industriales de Elda. Entre jardines, palmeras y grandes naves fabriles, se asentaron empresas que marcaron el crecimiento urbano y económico de la ciudad. Una de ellas fue la fábrica de la viuda de Antonio Juan Busquier.
“En lo que hoy es la plaza del Zapatero, había dos grandes empresas… estas fábricas estaban casi siempre rodeadas de un jardín, con grandes palmeras, que estuvieron ahí hasta prácticamente cuando empezó a definirse la plaza”, recuerda el investigador y fundador del Museo del Calzado de Elda José María Amat.
                Viajantes y representantes de la zona norte durante una romería en Galicia


DE UN PEQUEÑO TALLER AL CORAZÓN INDUSTRIAL DE LA CIUDAD
Antonio Juan Busquier inició su actividad en 1924 en un modesto taller de calzado infantil situado en la calle San Blas. Como ocurrió con muchas industrias locales, el zapato de niño fue el origen de una aventura empresarial que pronto crecería. Tras separarse de su socio, Busquier adquirió unos terrenos donde levantó una fábrica de casi 2.000 metros cuadrados, ocupando antiguas naves que databan de finales del siglo XIX.
“Antonio Juan Busquier, con un amigo suyo, montaron un pequeño taller de fabricación de calzado de niños. Elda nació al calzado, al niño”, explica Amat, subrayando el papel fundacional de este tipo de producción en la ciudad.
FÁBRICAS, PALMERAS Y EXPANSIÓN URBANA
Las fábricas de aquella Elda industrial no solo producían calzado, también transformaban el paisaje urbano. Las palmeras que rodeaban las naves eran símbolo de progreso, y su traslado marcaba el avance de las calles y barrios.
“Conforme iban arrancando palmeras, la ciudad avanzaba en sus calles. Eran un sinónimo de la fuerza expansiva de Elda”, señala José María Amat.
Ramón Navarro, apoderado de la empresa; Aurora Juan, gerente y Luis Coronel, viajante


GUERRA, EXILIO Y UNA MUJER AL FRENTE
La Guerra Civil truncó la trayectoria de Antonio Juan Busquier. Ante la inestabilidad y la violencia, cerró la fábrica y se exilió con su familia a Casablanca, donde falleció pocos meses después. Fue entonces cuando su viuda, Balbina Navarro Poveda, regresó a Elda para retomar la actividad industrial en un contexto especialmente difícil.
“Era una mujer joven, con dos hijos, pero con mucho carácter y muy decidida. Una gran emprendedora, probablemente fuera de su tiempo”, afirma Amat.
Balbina asumió la dirección de la empresa bajo el nombre de Viuda de Antonio Juan Busquier, convirtiéndose en una figura excepcional en una época en la que pocas mujeres lideraban industrias.
UNA FÁBRICA QUE FUE ESCUELA
La empresa no solo sobrevivió, sino que se convirtió en una auténtica escuela de industriales. Por sus oficinas y talleres pasaron trabajadores y viajantes que más tarde fundarían sus propias fábricas, contribuyendo al tejido empresarial eldense durante décadas.
Años después, un devastador incendio puso en jaque la fábrica, obligando incluso a utilizar el agua del estanque de la plaza Castelar para sofocar las llamas.
La historia de la viuda de Antonio Juan Busquier sigue siendo un ejemplo de resiliencia, liderazgo y compromiso con Elda. “Esta empresa no hay que olvidarla, es un ejemplo para todos”, concluye José María Amat.

miércoles, 4 de febrero de 2026

El Museo del Calzado: memoria, identidad y futuro


 El día 4 de febrero se cumple el veintisieteavo aniversario de la fundación del Museo del Calzado de Elda, una efeméride que invita no solo a la celebración, sino también a la reflexión colectiva sobre el papel esencial que esta institución desempeña en una ciudad cuya historia, desarrollo económico e identidad social están íntimamente ligados a la industria zapatera.



Elda no puede entenderse sin el calzado. Durante generaciones, esta actividad ha sido motor económico, fuente de empleo, espacio de innovación y escuela de oficios.

El Museo del Calzado no es únicamente un lugar donde se conservan objetos; es el depositario de la memoria industrial de la ciudad, la prueba tangible de un esfuerzo colectivo que transformó un municipio en un referente nacional e internacional del sector zapatero en el mundo.

La importancia del museo trasciende más allá de su función expositiva. Cumple una labor educativa fundamental, acercando a jóvenes y visitantes al conocimiento de los procesos productivos, la evolución tecnológica, el diseño y el saber hacer artesanal que han caracterizado al calzado mundial y el eldense en particular.

En un contexto de globalización y deslocalización, este conocimiento resulta clave para reforzar la autoestima colectiva y dar la importancia que se merece aquello que nos diferencia.

Desde el punto de vista económico y estratégico, el Museo del Calzado actúa también como un activo cultural y turístico. Contribuye a diversificar la oferta de la ciudad, atrae visitantes, investigadores y profesionales del sector, y refuerza la imagen de Elda como ciudad industrial con historia, cultura, ejemplo de profesionalidad y capacidad de innovación.

La cultura, lejos de ser un gasto, es una inversión con retornos sociales y económicos a medio y largo plazo. Pero quizá su mayor valor reside en lo intangible. El museo simboliza el orgullo de pertenencia, la dignificación del trabajo manual y creativo, la transmisión intergeneracional de valores como: el esfuerzo, la constancia y la excelencia.

Es un espacio donde la memoria colectiva se convierte en herramienta de futuro, donde el pasado no se idealiza, se comprende para afrontar los retos actuales del sector zapatero.

En su 27 aniversario, el Museo del Calzado merece el reconocimiento y el respaldo de toda la ciudadanía y de las instituciones. Cuidarlo, fortalecerlo y proyectarlo es apostar por la identidad de Elda, por su historia industrial y por un modelo de ciudad que no renuncia a sus raíces, sino que las convierte en un valor estratégico para el futuro. Incluso en momentos difíciles.

Video de los actos  de inauguración del Museo el Calzado de Elda 04-02-1999.

miércoles, 28 de enero de 2026

Nuestras fábricas: El Sebo, el zapatero que hizo historia en la Elda del siglo XX

 Hoy en Radio Elda Cadena Ser y en su habitual programa "Memoria de Nuestras Fábricas", hablamos de la fábrica de José Bernabé Orgilés, El Sebo. Una industria que siguió con la trayectoria de las fábricas de finales del siglo XX, especializada en calzados de señora de alta gama, fue pionera en España en la implantación del tacón de aguja, en los primeros años de 1960.

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La entrevista fue, como siempre, coordinada y conducida por la periodista Toñi Pérez con la profesionalidad que le caracteriza.
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José Bernabé Orgilés transformó un pequeño taller del casco antiguo en una referencia del calzado artesanal.



Antes de la Guerra Civil, en la calle de las Virtudes de la vieja Elda, José Bernabé Orgilés, conocido como El Sebo, trabajaba como zapatero de silla, elaborando el calzado de principio a fin. Su talento quedó patente en 1922, cuando ganó el concurso municipal de zapato artesano durante las fiestas patronales, obteniendo la Copa de Plata y un diploma de honor. “Era un zapato antiguo en su diseño, pero perfecto en su ejecución; una auténtica obra de artesanía”, explica José María Amat, fundador del Museo del Calzado de Elda.




El reconocimiento impulsó el crecimiento del taller, que fue trasladándose a espacios cada vez mayores hasta consolidarse como fábrica bajo la marca Diplata. La incorporación de su hijo Roberto Bernabé aseguró la continuidad de la excelencia y la innovación, atrayendo incluso a figuras del espectáculo como Marujita Díaz. “Había actrices que presumían de calzar estos zapatos porque sabían que eran especiales”, señala Amat.
La fábrica supo adaptarse a los cambios de la moda, como la llegada del tacón de aguja en los años sesenta, con muestrarios hoy conservados en el Museo del Calzado. Además de producir zapatos de alta calidad, El Sebo formó a generaciones de artesanos que marcaron el futuro del sector en Elda. “En cada puntada se veía reflejado el carácter del pueblo y el amor por el oficio”, concluye Amat.

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2026/01/28/nuestras-fabricas-el-sebo-el-zapatero-que-hizo-historia-en-la-elda-del-siglo-xx-radio-elda/

sábado, 17 de enero de 2026

La Fábrica de Vicente Gil Alcaraz (Los Vacíos)

 Nuestras fábricas: Los Vacíos.

La periodista y locutora de radio Elda Cadena Ser, Toñi Pérez, publica una nueva entrevista sobre el programa “Nuestras Fábricas” que pretende rendir honores a los empresarios y trabajadores de empresas de fabricación de calzados y afines que colaboraron en el desarrollo de la industria del calzado en la comarca del Medio Vinalopó.

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Un recorrido por la fábrica que combinó innovación, excelencia y liderazgo femenino en la industria del calzado eldense.
La historia del calzado en Elda no puede entenderse sin la figura de Vicente Gil Alcaraz y la mítica fábrica conocida popularmente como Los Vacíos.
Así lo explica José María Amat, fundador del Museo del Calzado, quien destaca su aportación decisiva al prestigio del zapato femenino de alta calidad: “Quizás una de las industrias que más contribuyó al mayor prestigio del zapato de mujer en Elda fue la que creó Vicente Gil Alcaraz, conocida por todos como la fábrica de Los Vacíos”, recuerda.
Ubicada en la calle Dos de Mayo, aquel complejo industrial destacaba no solo por su producción, sino también por su arquitectura, con patios interiores, zonas ajardinadas y una imagen moderna para su tiempo.


Más allá del espacio físico, Los Vacíos se convirtió en un referente nacional por la calidad de sus productos y por su apuesta constante por la innovación.
“Era un zapato de señora de altísima calidad, muy reconocido en todo el mercado nacional, y además una fábrica que incorporaba de inmediato la tecnología más avanzada del momento”, subraya Amat. Durante la primera mitad del siglo XX, la empresa mantuvo un espíritu de mejora permanente y contó con una red de viajantes que, con el tiempo, acabarían siendo grandes industriales del calzado eldense, consolidando así una auténtica escuela de aprendizaje y perfeccionismo.


De aquella fábrica salieron nombres clave de la industria, como Salvador Sapena, Manuel Gil o Roberto Santos Noguerón, cuya proyección internacional marcaría una época posterior. Pero también fue singular por su relevo generacional: tras la jubilación del fundador, sus cuatro hijas —Armonía, Celeste, Redención y Blanquita— tomaron las riendas del negocio. “Fue una fábrica dirigida por una mujer, Armonía Gil, algo excepcional en una época en la que el espacio empresarial estaba reservado casi exclusivamente a los hombres”, concluye Amat, poniendo en valor no solo la calidad del producto, sino también el papel pionero de la mujer en la historia industrial de Elda.

domingo, 21 de diciembre de 2025

La fábrica de José Tobar

 

Tobar no solo impulsó su fábrica: adquirió solares y huertos, construyó naves de producción y viviendas sociales para sus trabajadores.


El empresario ilicitano José Tobar


La fábrica de calzados, especializada en la fabricación de zapatos para mujer de alta gama, tenía por marca e icono de la empresa un león rampante que sostenía sobre las patas delanteras una bota de caña alta para mujer.


José Tobar fue un emprendedor ilicitano que decidió, a finales del siglo XIX, fijar su atención en Elda e iniciar una gran industria de calzados de bottier en la zona de descampados y huertas que eran la actual calle de Pedrito Rico. Construyó viviendas y naves industriales y a todas esa zona se le reconocía como "Las casas de Tobar". Donde vivían trabajadores de su propia industria, y locales industriales, que más a delante ocuparían empresas de prestigio de la villa de Elda.

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2025/12/18/nuestras-fabricas-jose-tobar-radio-elda/



Juan Poveda, encargado de la sección de cortado y persona de confianza de Tobar




jueves, 11 de diciembre de 2025

Memoria de nuestras fábricas: La fábrica de Pablo Guarinos Juan

 

Historia de un nombre y de una familia que marcó Elda



La calle que hoy conocemos como Pedrito Rico no siempre llevó ese nombre. Según José María Amat, fundador del Museo del Calzado de Elda, antes de convertirse en un homenaje al famoso cantante, la vía estaba ligada a la industria zapatera y a la vida de uno de los grandes industriales locales: Pablo Guarinos Juan.


                                Pablo Guarinos Juan. Industrial y político local

Pablo Guarinos Juan: político y empresario

Pablo Guarinos Juan no solo destacó como empresario, sino también como político local. Su legado no se limita a la política: la familia Guarinos dejó una huella imborrable en la industria zapatera de Elda y en la vida social de la ciudad. Su padre, Pablo Guarinos Guarinos, fue gran maestro de la logia masónica fidelísima, y su hijo, Tomás Guarinos Maestre, fundó SICEP y el Banco de Elda.

La fábrica en la calle Pedrito Rico

La fábrica de Pablo Guarinos Juan estaba ubicada en la misma calle que hoy lleva el nombre del artista Pedrito Rico. Durante su apogeo, la producción alcanzaba los 150.000 pares al año, en su mayoría zapatos de alta calidad.

   

Tradiciones y memoria colectiva

La calle también fue testigo de tradiciones que hoy parecen olvidadas. Había una cruz cubierta donde se despedían los entierros antes de llegar al cementerio, un ejemplo de cómo la vida cotidiana y las costumbres estaban ligadas a esta vía: “Había una cruz cubierta a la salida, donde los entierros subían desde la iglesia de Santana y allí se despedía el duelo. De allí los curas bajaban al templo y el resto subía hasta el Cementerio Municipal Santa Bárbara”, recuerda Amat.

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2025/12/10/nuestras-fabricas-pablo-guarinos-juan-radio-elda/