jueves, 26 de febrero de 2026

Nuestras Fábricas. La fábrica de Blas Amat

 En una entrevista en Radio Elda Cadena ser, la periodista y locutora Toñi Pérez, realiza una entrevista sobre la fábrica de calzados de Blas Amat en Elda.

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Blas Amat, la fábrica que ayudó a industrializar Elda

Una de las primeras grandes industrias mecanizadas que hubo en la ciudad

Blas Amat, la fábrica que ayudó a industrializar EldaLa fábrica se ubicaba en un entonces semi-descampado que hoy conecta el entorno de la iglesia de Santa Ana con la calle Nueva, en el actual tramo de Ortega y Gasset.

A finales del siglo XIX, en plena expansión del calzado como motor económico local, el industrial Blas Amat levantó en Elda una de las primeras fábricas mecanizadas de la ciudad. Fundada en 1897, su empresa nació en un momento en el que la localidad ya había iniciado su proceso de industrialización décadas atrás, pero aún estaba consolidando una generación estable de trabajadores especializados.

El investigador José María Amat subraya la importancia histórica de esta industria pese a que no haya dejado demasiada huella documental. “Fue una de las primeras grandes industrias mecanizadas que hubo en la ciudad, en la misma línea que otras fábricas del final del siglo XIX”, explica. Aunque no se ha podido localizar la marca comercial con la que operaba, sí se ha confirmado el nombre de su propietario y la relevancia que alcanzó en su momento a través de publicaciones de la época.

La fábrica evolucionó rápidamente desde un modelo casi artesanal hacia una estructura mecanizada. Incorporó motores alimentados por gas pobre para evitar los frecuentes cortes eléctricos de los primeros años del suministro en Elda. “El motor central estaba siempre en movimiento y, mediante poleas y correas de madera, transmitía la energía a cada máquina. Era un ruido constante durante jornadas de diez y doce horas”, detalla Amat. Con una plantilla que llegó a situarse entre 150 y 180 trabajadores, la producción alcanzaba los 300 pares diarios, principalmente calzado femenino, aunque también infantil y de caballero, con ventas en la península, Canarias y el norte de África.

Tras el fallecimiento de Blas Amat, la empresa pasó a denominarse Viuda de Blas Amat, siguiendo una práctica habitual en la época. La prensa local llegó a afirmar que la fábrica “honraba a la ciudad de Elda”, contribuyendo al crédito y prestigio que el municipio alcanzó en el sector del calzado dentro y fuera de España.

https://cadenaser.com/comunitat-valenciana/2026/02/25/nuestras-fabricas-blas-amat-la-fabrica-que-ayudo-a-industrializar-elda-radio-elda/



miércoles, 25 de febrero de 2026

El formilo de Joaquín Planelles

 El formilo de Joaquín Planelles

 


                              Joaquín Planelles realizando pruebas del formilo

 Hoy quisiera, con una breve pincelada, detenerme en la dimensión más humana y artística de Joaquín Planelles, quizá la que mejor explica la huella que ha dejado en la historia local vinculada al calzado.

Joaquín no solo actuó en el Museo del Calzado, contribuyendo a convertir en realidad iniciativas que hoy forman parte del patrimonio del calzado, de su industria y de la propia ciudad de Elda. Su compromiso iba mucho más allá de la aportación material: era una implicación íntima, casi vocacional, con la cultura del zapato y con lo que representa.

No fue diseñador de calzado en el sentido académico del término, pero su vida estuvo siempre alimentada por el arte, y supo comprender que ese arte puede dialogar con la industria y enriquecerla. Entendía que la belleza no es ajena al proceso productivo, sino que incluso podría ser su alma. 

En el ilusionante proyecto de consolidar el Premio a la Mujer Mejor Calzada de España, diseñó el símbolo de aquel reconocimiento. Concibió una pieza destinada a trascender, que al mismo tiempo evocara la industria de componentes y la esencia misma del diseño en su principio estructural: la horma. A esa creación la bautizó, con su particular imaginario, “el formilo”. 

Durante los primeros años, el formilo se entregó a las galardonadas como símbolo de elegancia y belleza del zapato femenino de tacón alto. No era solo un objeto: era una metáfora intangible del equilibrio entre arte e industria, entre técnica y estética.

Joaquín creó con ello una sugerencia artística intuitiva y refinada. En más de una ocasión me confesó que su sueño habría sido ser un “arquitecto de la belleza”. Estoy convencido de que, de haber seguido ese camino, también habría triunfado, porque poseía la cualidad más valiosa del creador: la capacidad de imaginar y dar forma.

Tras una vida larga, feliz, y arropado por su familia y sus amigos, nos deja una senda luminosa, un camino ejemplar que otros podremos recorrer inspirados por su legado. 

Hasta la vista, Joaquín Planelles.

Quien, como tú, supo amar su ciudad, ennoblecer su industria y sembrar belleza en cada proyecto, no se despide nunca del todo.


José María Amat Amer

Nuestras Fábricas: Manuel Navarro Davó

 

La fábrica de Manuel Navarro Davó, el intento de convertir Elda en potencia de maquinaria del calzado

Un proyecto pionero que pudo diversificar la economía local, pero que quedó frustrado por la falta de apoyo estatal.

Una nueva industria se suma al programa de la radio "Nuestras Fábricas", dirigido por la periodista Toñi Pérez.

Jº Mª Amat destaca la visión, el empuje y la capacidad innovadora de Manuel Navarro Davo, subrayando su papel clave en el desarrollo y proyección del sector del calzado españo

La fábrica de maquinaria de Manuel Navarro Davó representa uno de los capítulos más significativos —y menos conocidos— de la historia industrial de Elda. Nacida a partir del taller de forja fundado por su padre, Manuel Navarro Pastor, a finales del siglo XIX, la empresa evolucionó desde la fabricación de troqueles y cuchillas hasta el diseño y producción de maquinaria para el calzado. Ubicada definitivamente en la calle Cura Navarro, la factoría creció al calor del auge zapatero eldense, convirtiéndose en una pieza clave de la industria auxiliar.

Manuel Navarro Davó, en su estand durante la Feria del Calzado de 1974, conversa animadamente con el ministro de Comercio. / Cedida

Durante las décadas centrales del siglo XX, Navarro Davó no solo fabricó maquinaria propia, sino que también importó modelos europeos para adaptarlos al mercado nacional e internacional. Para el investigador local, y fundador del Museo del Calzado de Elda, José María Amat, esta industria “fue una de las que más valor añadido aportó al calzado y quizás el posible foco de diversificación industrial de la ciudad”.

La fábrica de Manuel Navarro Davó dejó un legado de innovación y emprendimiento que hoy sigue siendo referencia en la memoria industrial eldense.

https://cadenaser.com/audio/1771493330533/


lunes, 16 de febrero de 2026

¡Bienvenida Majestad!

  Algo más que un símbolo

La visita de Su Majestad la Reina Letizia a Elda, con motivo del centenario de una de sus empresas emblemáticas, Pedro García, constituye mucho más que un acto institucional. Supone un reconocimiento público y explícito a una ciudad que ha construido su identidad, su economía y su prestigio internacional sobre la excelencia en la fabricación de calzado femenino de alta gama.

Elda no es una ciudad cualquiera dentro del sector. Es referencia histórica y técnica en la elaboración del zapato más cuidado, más sofisticado y de mayor valor añadido del mercado nacional. Aquí se concentra un saber hacer que combina tradición artesanal, precisión técnica, innovación en diseño y una mano de obra altamente cualificada. Patronistas, modelistas, cortadores, aparadoras y zapateros en general forman parte de una cadena de valor única, difícilmente replicable en otros territorios.

En un momento en el que el sector afronta incertidumbres —pérdida de empleo, competencia internacional, presión de costes y transformación de los modelos productivos— esta visita adquiere una dimensión estratégica. El reconocimiento institucional a una empresa que cumple cien años evidencia que la industria del calzado eldense no es coyuntural ni residual, sino estructural, y capaz de adaptarse a los cambios del mercado.

Impulso institucional para la defensa de la industria manufacturera frente a la deslocalización.

Confianza para inversores y compradores internacionales, que perciben estabilidad, tradición y respaldo institucional.

Reconocimiento social a los trabajadores del sector, auténticos protagonistas del prestigio alcanzado.

La industria eldense ha demostrado durante décadas que sabe reinventarse. El futuro no pasa por competir en precio, sino por consolidar el posicionamiento en calidad, diseño, especialización y producción cuidada. La mano de obra de Elda —experimentada, formada y comprometida— es un activo estratégico que no puede ser sustituido por procesos puramente industriales de bajo coste.

La presencia de la Reina Letizia simboliza, por tanto, un mensaje claro: el calzado de Elda importa, tiene historia y tiene futuro. Este reconocimiento debe servir para elevar la moral colectiva, fortalecer la autoestima industrial y activar una nueva etapa de colaboración entre empresas, instituciones y sociedad civil.

Elda ha superado crisis anteriores. Lo ha hecho apoyándose en su capacidad técnica, en su cultura del trabajo bien hecho y en su vocación exportadora. Hoy, ante los desafíos actuales, dispone de esos mismos pilares, reforzados por un reconocimiento que trasciende lo protocolario.

Es momento de convertir esta visita en un punto de inflexión. De transformar el símbolo en estrategia. De pasar del reconocimiento a la acción. Y, sobre todo, de transmitir a la ciudadanía un mensaje firme y sereno: la industria del calzado eldense tiene futuro porque posee talento, experiencia y prestigio.

jueves, 12 de febrero de 2026

Nuestras fábricas: Antonio Porta Rausa

 

Trabajadores de la fábrica de Porta a la salida del trabajo.


De cortador a empresario, Porta dejó una huella imborrable en la industria del calzado y en la historia de la ciudad

J. María Amat habla de Antonio Porta Rausa: de cortador a empresario.

Antonio Porta Rausa comenzó su carrera en los talleres del barrio de Tobar, donde aprendió el oficio de cortador y zapatero en un entorno donde los límites entre los oficios eran difusos. José María Amat recuerda: “Antonio Porta Rausa se inició trabajando en la fábrica de José Tobar. Allí, los oficios se mezclaban: un cortador podía montar zapatos, y un zapatero hacía pinitos cortando. Todos se perfeccionaban en la fabricación manual.” Esta experiencia formó la base de lo que sería su futura fábrica de calzado de alta calidad.
Primer taller y apoyo clave
Su primer taller se abrió en la calle Padre Manjón, cerca de lo que hoy es el Centro de Especialidades, con la ayuda de Norberto Rosas, proveedor de curtidos que facilitó la materia prima más cara del calzado. Amat destaca: “La piel era el material más caro, y gracias a Norberto Rosas muchos fabricantes pudieron establecerse de forma autónoma.” En esta etapa, Porta consolidó su reputación como artesano y emprendedor visionario.
La fábrica y la expansión internacional
Con el tiempo, Porta trasladó su negocio a unas naves en lo que hoy es la calle Elía Barceló, cerca de la Plaza Zapatero. Allí se producían zapatos de bottier, cada suela hecha a mano, y se organizaban secciones específicas para cortado, preparación de suelas y oficinas. “Antes de la Guerra Civil, la fábrica ya exportaba a Francia, Alemania, Holanda, Estados Unidos y Puerto Rico, sin abandonar el mercado nacional,” señala Amat. La empresa también se convirtió en escuela para futuros empresarios y artesanos del calzado

Ingenio y humor 

Antonio Porta no solo destacó por su talento industrial, sino también por su carácter y sentido del humor. Amat cuenta: “Recuerdo una anécdota con la marca ‘El Gato Negro’. Alguien denunció que la había copiado, pero Antonio respondió: ‘Señoría, no es un gato, sino una gata’. El juez cerró el caso, y todos celebramos su ingenio.” Así, Porta consolidó su legado como pionero del calzado eldense y ejemplo de esfuerzo, creatividad y pasión por su oficio.

sábado, 7 de febrero de 2026

Nuestras fábricas: La historia de Viuda de Antonio Juan Busquier

 

Trabajadores de la empresa en una manifestación el 18 de julio de 1945


POR SUS OFICINAS Y TALLERES PASARON TRABAJADORES Y VIAJANTES QUE MÁS TARDE FUNDARÍAN SUS PROPIAS FÁBRICAS
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De nuevo Toñi Pérez en una entrevista en radio Elda Cadena Ser, nos presenta una gran empresa de fabricación de calzados en Elda.
Durante décadas, el espacio que hoy ocupa la plaza del Zapatero fue uno de los corazones industriales de Elda. Entre jardines, palmeras y grandes naves fabriles, se asentaron empresas que marcaron el crecimiento urbano y económico de la ciudad. Una de ellas fue la fábrica de la viuda de Antonio Juan Busquier.
“En lo que hoy es la plaza del Zapatero, había dos grandes empresas… estas fábricas estaban casi siempre rodeadas de un jardín, con grandes palmeras, que estuvieron ahí hasta prácticamente cuando empezó a definirse la plaza”, recuerda el investigador y fundador del Museo del Calzado de Elda José María Amat.
                Viajantes y representantes de la zona norte durante una romería en Galicia


DE UN PEQUEÑO TALLER AL CORAZÓN INDUSTRIAL DE LA CIUDAD
Antonio Juan Busquier inició su actividad en 1924 en un modesto taller de calzado infantil situado en la calle San Blas. Como ocurrió con muchas industrias locales, el zapato de niño fue el origen de una aventura empresarial que pronto crecería. Tras separarse de su socio, Busquier adquirió unos terrenos donde levantó una fábrica de casi 2.000 metros cuadrados, ocupando antiguas naves que databan de finales del siglo XIX.
“Antonio Juan Busquier, con un amigo suyo, montaron un pequeño taller de fabricación de calzado de niños. Elda nació al calzado, al niño”, explica Amat, subrayando el papel fundacional de este tipo de producción en la ciudad.
FÁBRICAS, PALMERAS Y EXPANSIÓN URBANA
Las fábricas de aquella Elda industrial no solo producían calzado, también transformaban el paisaje urbano. Las palmeras que rodeaban las naves eran símbolo de progreso, y su traslado marcaba el avance de las calles y barrios.
“Conforme iban arrancando palmeras, la ciudad avanzaba en sus calles. Eran un sinónimo de la fuerza expansiva de Elda”, señala José María Amat.
Ramón Navarro, apoderado de la empresa; Aurora Juan, gerente y Luis Coronel, viajante


GUERRA, EXILIO Y UNA MUJER AL FRENTE
La Guerra Civil truncó la trayectoria de Antonio Juan Busquier. Ante la inestabilidad y la violencia, cerró la fábrica y se exilió con su familia a Casablanca, donde falleció pocos meses después. Fue entonces cuando su viuda, Balbina Navarro Poveda, regresó a Elda para retomar la actividad industrial en un contexto especialmente difícil.
“Era una mujer joven, con dos hijos, pero con mucho carácter y muy decidida. Una gran emprendedora, probablemente fuera de su tiempo”, afirma Amat.
Balbina asumió la dirección de la empresa bajo el nombre de Viuda de Antonio Juan Busquier, convirtiéndose en una figura excepcional en una época en la que pocas mujeres lideraban industrias.
UNA FÁBRICA QUE FUE ESCUELA
La empresa no solo sobrevivió, sino que se convirtió en una auténtica escuela de industriales. Por sus oficinas y talleres pasaron trabajadores y viajantes que más tarde fundarían sus propias fábricas, contribuyendo al tejido empresarial eldense durante décadas.
Años después, un devastador incendio puso en jaque la fábrica, obligando incluso a utilizar el agua del estanque de la plaza Castelar para sofocar las llamas.
La historia de la viuda de Antonio Juan Busquier sigue siendo un ejemplo de resiliencia, liderazgo y compromiso con Elda. “Esta empresa no hay que olvidarla, es un ejemplo para todos”, concluye José María Amat.

miércoles, 4 de febrero de 2026

El Museo del Calzado: memoria, identidad y futuro


 El día 4 de febrero se cumple el veintisieteavo aniversario de la fundación del Museo del Calzado de Elda, una efeméride que invita no solo a la celebración, sino también a la reflexión colectiva sobre el papel esencial que esta institución desempeña en una ciudad cuya historia, desarrollo económico e identidad social están íntimamente ligados a la industria zapatera.



Elda no puede entenderse sin el calzado. Durante generaciones, esta actividad ha sido motor económico, fuente de empleo, espacio de innovación y escuela de oficios.

El Museo del Calzado no es únicamente un lugar donde se conservan objetos; es el depositario de la memoria industrial de la ciudad, la prueba tangible de un esfuerzo colectivo que transformó un municipio en un referente nacional e internacional del sector zapatero en el mundo.

La importancia del museo trasciende más allá de su función expositiva. Cumple una labor educativa fundamental, acercando a jóvenes y visitantes al conocimiento de los procesos productivos, la evolución tecnológica, el diseño y el saber hacer artesanal que han caracterizado al calzado mundial y el eldense en particular.

En un contexto de globalización y deslocalización, este conocimiento resulta clave para reforzar la autoestima colectiva y dar la importancia que se merece aquello que nos diferencia.

Desde el punto de vista económico y estratégico, el Museo del Calzado actúa también como un activo cultural y turístico. Contribuye a diversificar la oferta de la ciudad, atrae visitantes, investigadores y profesionales del sector, y refuerza la imagen de Elda como ciudad industrial con historia, cultura, ejemplo de profesionalidad y capacidad de innovación.

La cultura, lejos de ser un gasto, es una inversión con retornos sociales y económicos a medio y largo plazo. Pero quizá su mayor valor reside en lo intangible. El museo simboliza el orgullo de pertenencia, la dignificación del trabajo manual y creativo, la transmisión intergeneracional de valores como: el esfuerzo, la constancia y la excelencia.

Es un espacio donde la memoria colectiva se convierte en herramienta de futuro, donde el pasado no se idealiza, se comprende para afrontar los retos actuales del sector zapatero.

En su 27 aniversario, el Museo del Calzado merece el reconocimiento y el respaldo de toda la ciudadanía y de las instituciones. Cuidarlo, fortalecerlo y proyectarlo es apostar por la identidad de Elda, por su historia industrial y por un modelo de ciudad que no renuncia a sus raíces, sino que las convierte en un valor estratégico para el futuro. Incluso en momentos difíciles.

Video de los actos  de inauguración del Museo el Calzado de Elda 04-02-1999.