miércoles, 25 de febrero de 2026

El formilo de Joaquín Planelles

 El formilo de Joaquín Planelles

 


                              Joaquín Planelles realizando pruebas del formilo

 Hoy quisiera, con una breve pincelada, detenerme en la dimensión más humana y artística de Joaquín Planelles, quizá la que mejor explica la huella que ha dejado en la historia local vinculada al calzado.

Joaquín no solo actuó en el Museo del Calzado, contribuyendo a convertir en realidad iniciativas que hoy forman parte del patrimonio del calzado, de su industria y de la propia ciudad de Elda. Su compromiso iba mucho más allá de la aportación material: era una implicación íntima, casi vocacional, con la cultura del zapato y con lo que representa.

No fue diseñador de calzado en el sentido académico del término, pero su vida estuvo siempre alimentada por el arte, y supo comprender que ese arte puede dialogar con la industria y enriquecerla. Entendía que la belleza no es ajena al proceso productivo, sino que incluso podría ser su alma. 

En el ilusionante proyecto de consolidar el Premio a la Mujer Mejor Calzada de España, diseñó el símbolo de aquel reconocimiento. Concibió una pieza destinada a trascender, que al mismo tiempo evocara la industria de componentes y la esencia misma del diseño en su principio estructural: la horma. A esa creación la bautizó, con su particular imaginario, “el formilo”. 

Durante los primeros años, el formilo se entregó a las galardonadas como símbolo de elegancia y belleza del zapato femenino de tacón alto. No era solo un objeto: era una metáfora intangible del equilibrio entre arte e industria, entre técnica y estética.

Joaquín creó con ello una sugerencia artística intuitiva y refinada. En más de una ocasión me confesó que su sueño habría sido ser un “arquitecto de la belleza”. Estoy convencido de que, de haber seguido ese camino, también habría triunfado, porque poseía la cualidad más valiosa del creador: la capacidad de imaginar y dar forma.

Tras una vida larga, feliz, y arropado por su familia y sus amigos, nos deja una senda luminosa, un camino ejemplar que otros podremos recorrer inspirados por su legado. 

Hasta la vista, Joaquín Planelles.

Quien, como tú, supo amar su ciudad, ennoblecer su industria y sembrar belleza en cada proyecto, no se despide nunca del todo.


José María Amat Amer

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