sábado, 18 de mayo de 2024

Ejemplares momentos de la industria del calzado. Primera llamada a la creación de una Feria del Calzado en Elda

 

Primera llamada a la creación de una Feria del Calzado en Elda

 
    Un cartel anunciador de una muestra de indumentaria para mujeres y hombres en 1930

 En 1935 se echaba la vista atrás para contemplar la industria del calzado con la perspectiva que dan los años transcurridos, casi un siglo de rodaje, desde aquellos primeros zapateros de 1840, como primera referencia a la fabricación en serie de calzado en la población de Elda.

 Poner en marcha una fábrica de calzados y lograr mantenerla no era tarea fácil, aquellos zapateros de antaño sacrificaban sus talentos con su trabajo, continuando un camino de superación, ellos formaban parte de ese engranaje que nos hizo caminar por sendas de progreso.

 También aquellos obreros demandaban sus derechos acudiendo en algunas ocasiones a la huelga en las fábricas.  La primera de ellas fue en 1930 cuando las aparadoras iniciaron con la llamada “huelga del hilo” en Elda, una forma de reivindicar sus derechos paralizando prácticamente todo el sector zapatero, logrando la solidaridad de otros trabajadores y de otras poblaciones zapateras, reivindicaciones de aquellas trabajadoras en demanda de que se abonasen el importe del hilo y la aguja que, hasta entonces, debían aportarlo las propias aparadoras.

 Los problemas de una industria hegemónica en la ciudad

 Las estrategias para conseguir pedidos a veces fracasaban y a tiempos de bonanza le seguían otros momentos de profundas crisis por falta de trabajo en las fábricas.

 La industria zapatera ya era mayor de edad para asumir todos los pormenores e incidencias de cualquier sector económico en España. Elda ya tenía independencia económica y personalidad propia. La comarca se había emancipado de aquellos años de miseria en que la escasa población debía lidiarse con la agricultura y con unos núcleos industriales aislados y dispersos. Ahora, en la primera parte del siglo XX, los problemas eran otros, por una parte, había que mantener el nivel de ocupación de los miles de personas que habían emigrado de sus primigenios lugares de origen para encontrar en Elda trabajo y progreso; por otro lado, era necesario afrontar los retos de una ciudad moderna, sus infraestructuras comerciales e industriales y los problemas laborales y sociales.

 A periodos de trabajo constante, le sucedían otros de paros intermitentes, esa era la realidad de una población que no paraba de recibir personas de muchos lugares por el efecto llamada de otros paisanos que llegaron antes. Los esfuerzos de los empresarios para buscar pedidos de un mercado nacional ya saturado encontraban las dificultades de siempre: gran diversificación de modelajes por pedidos que agobiaban los procesos de producción, trabajadores en paro con periodos que cada temporada se alargaban más, dificultad para acceder a los mercados europeos y, lo más difícil, llegar y convencer a los mercados americanos.

  
                                            Revistas especializadas presentan catálogos en Europa 1930

 

La ilusión de los primeros tiempos se había transformado en una preocupación permanente, Elda no podía ni debía echar marcha atrás y la solución pasaba por vender más zapatos y ampliar las miras económicas de esta singular industria.

 Una Feria del Calzado en España

 La primera referencia pública a la necesidad de una Feria de Muestras de Calzados nos la lanza Martín de Gales, probablemente un seudónimo, en la revista eldense "Albor" en septiembre de 1935, un artículo titulado "Lo que falta en nuestra ciudad", en dicho comentario el autor aborda la preocupación por el posible desplazamiento de la población industrial desde Elda a otras ciudades o pueblos limítrofes en busca de trabajo por los paros intermitentes de la actividad zapatera. Un problema que ya se dejó sentir en aquellos lejanos años y que preocupaba a los eldenses de la época.

 

Los años se sucedían y no era posible ampliar la oferta sin que hubiese la expectativa de una clara demanda. Con un comercio español abrumado por la cantidad de “maulas” arrinconadas en las tiendas, zapatos de alta calidad convertidos en saldos por falta de clientes, esa preocupación hizo saltar una chispa que no prosperó en aquel momento, “Una Feria anual de muestras de nuestros productos industriales”.

 

Elda y la industria del calzado en España tendrían que esperar 25 años más para que la idea prosperase y fructificase con otros protagonistas. 

José María Amat Amer

viernes, 17 de mayo de 2024

Ejemplares momentos de la industria del calzado. 100 años del primer asociacionismo empresarial del calzado en Elda

 

Ejemplares momentos de la industria del calzado. 100 años del primer asociacionismo empresarial del calzado en Elda
Moderna fábrica de calzado de Rodolfo Guarinos Vera, en 1919, creada en 1902 y situada en el final de la actual calle Purísima, en la zona conocida como "Portal del Ángel", con fachada a la calle Gonzalo Sempere.

Este año 2024 se conmemora el centenario del primer intento de creación de un asociacionismo empresarial alrededor de la industria del calzado.

En Elda y Petrer había un nutrido grupo empresarial encabezado por las míticas industrias de Silvestre Hernandez, Romero Utrilles, Casto Peláez, Francisco López, Pérez y Amat, Vda. de Juan José Guarinos, Pablo Pérez, Pablo Guarinos, Blas Amat, Mondéjar y Navarro, Vicente Esteve, Eugenio H. Browne, con varias industrias en poblaciones vecinas y en Elda, donde también estaba una de sus principales fábricas. También figuraban Francisco Martínez Orgilés, conocido industrial con el prestigiosos premio “Copa de plata” que transformaría en su propia marca, Manuel Vera Bañón; Teófilo Romero; Vera Hermanos; Luvi en Petrer, Antonio Porta o José Jerónimo Guill y Rodolfo Guarinos. Todas ellas y muchas más, que llegarían al centenar, se consideraban empresas de tamaño grande y mediano que daban empleo a centenares de trabajadores, pero había también talleres con una decena y menos obreros que se unieron a esa asociación. Además, eran importantes algunas fábricas de productos auxiliares, como Isidro Aguado Aravid o Constantino Bañón, José María Navarro, en maquinaria, o Emérito Maestre y algunas otras que realizaban trabajo para los complementos: hormas, tacones, cajas de cartón e incluso existía una pequeña tenería junto al río Vinalopó, propiedad de Emilio Maestre, que además representaba otros tipos de pieles.

La Asociación de Fabricantes de Calzado de Elda y Petrer

En Elda se creó la Federación Patronal de Fabricantes de Calzado, fundada en 1924 con 65 asociados, pero quedó en un intento fallido que duró escasamente un año. La pretenciosa federación de empresarios quería convertirse en el punto de confluencia de los intereses industriales del sector en España, y no se llegó conseguir. Las industrias dispersas en otras provincias y ciudades: Almansa; Vall d'Uxó, Baleares e incluso Madrid, por hablar de algunos de los focos industriales de los primeros años del siglo XX, no llegaron a comprender la idea de los beneficios que podrían conseguirse con la unidad de todos en una federación y aquellos 65 inscritos representaban casi en su totalidad a fabricantes de Elda y Petrel.

Teófilo Romero Juan, dos años más tarde, en 1926, impulsó lo que sería, con menos ambiciones geográficas, la primera Asociación de Fabricantes de Calzado de Elda y Petrer, es decir, circunscrita a la zona zapatera del Medio Vinalopó, y con solamente 58 empresas asociadas, ese fue el punto de partida.

Los asociados representaban un importante empuje en el conjunto nacional de fabricación de calzado. 

La producción de zapatos en el año 1929 fue de 4.000.000 de pares de todas las clases por un valor de 38 millones de pesetas, según cifras que el propio presidente Sr. Romero, desveló en la revista socialista Horizonte en 1931.

Como casi todos los proyectos que se crean y están compuestos por muchas empresas, también la Asociación Patronal de Fabricantes de Calzado pasó por momentos de incertidumbre y, en el año 1933, debido a la falta de actividad, los errores cometidos y a la ineficaz labor llevada a cabo, la entidad trascurrió por un momento delicado que casi la hace desaparecer. El anuncio de su desaparición sería muy criticado en los ámbitos laborales de la época, tachándola de error descomunal y, con los peores augurios, surgía la pregunta ¿quién o quiénes podrán parar la descomposición de este sector zapatero que tanto beneficio está creando en la comarca? Fue el propio Romero quien, asumiendo los errores del pasado, aunó de nuevo e impulsó en 1934 la asociación para hacerla más fuerte y duradera.

El llamamiento al progreso de la ciudad era una constante y desde los periódicos o revistas de la época se lanzaban mensajes constructivos de unidad frente al progreso, instando a la creación de una Asociación de Fabricantes como instrumento al servicio del sector de calzado, ya muy desarrollado en la zona, que potenciase su economía y crease riqueza.

La industria del calzado, como todas las actividades industriales, tiene sus momentos de gloria y sus fases de declive, pero hay muchas clases de afrontar una crisis y hay también muchas causas que la originan, incluidas las injerencias políticas., como recordaba en una encendida proclama aparecida en la revista El Cronista, en 1935, Venancio Caballero refiriéndose a determinadas injerencias políticas en aquellos años.

José Maria Amat Amer

Ejemplares momentos de la Industria del Calzado. Los primeros zapateros

 


Alguna vez nos hemos replanteado la figura casi idílica de quienes fueron los primeros zapateros que vivieron y trabajaron en aquellos albores de la industria del calzado eldense, y protagonizaron el paso de la más pura artesanía a la fabricación en serie. 

Algunos historiadores nos han revelado datos por informaciones extraídas de los censos de la época, lo que se llamó “El Libro de la Seguridad Pública” que forman parte de los archivos municipales, y en el que se encuentran nombres de personas y oficios hacia la mitad del siglo XIX.

Según nos relata H. Soria del Castillo, que fue quizá el adelantado que se refirió a los antiguos zapateros de la villa, que uno de los primeros zapateros eldenses se llamaba Ramón "el Guiña", que trabajaba a las puertas de su casa en la calle San Antón, preparando zapatos de niño para comuniones y los vendía en los mercadillos de Salinas y otras pequeñas aldeas a las que se desplazaba caminando.

Cuando la industria del esparto estaba en todo su apogeo en Elda (aunque no nos consta que fuera para realizar calzado) y también había otras como la del papel de estraza, este hombre, el Guiña, era el hazmerreír del barrio en el que trabajaba a las puertas de su casa, y algunos se preguntaban el por qué de aquel oficio que, en aquellos primeros años del siglo XIX, era casi exclusivo de personas pobres, como así se hacía constar en el mencionado libro de Seguridad Pública, cuando se inscribía un nombre de profesión zapatero. Con frecuencia no era extraño que incluso se dirigiesen al mencionado Guiña, increpándole que estaba perdiendo el tiempo en hacer esos zapatos que probablemente nadie iba a comprar. Ese hombre, quizá desengañado de una profesión que no era suficientemente apreciada por sus conciudadanos, acabó sus días de portero en el Manicomio Provincial de distrito que estaba instalado a la entrada del pueblo, en el edificio en el que años antes se ubicara el Convento de Franciscanos, el que fuera inspiración para la obra de Castelar “Fray Filipo”.

A la vista de las inscripciones en el censo de trabajadores, donde aparecían peones o braceros casi analfabetos, se podían leer apellidos como: Yago, Mira, Esterlic, Castelló, Payá, Maestre, entre otros; estos pioneros realizaban los zapatos ayudados por su familia, por lo que no resulta raro que alguno de esos apellidos se extendiesen por la villa al pasar la profesión de padres a hijos.

Como era costumbre en los pueblos, el nombre de alguno de aquellos zapateros se conocía más por el apodo o mote que por el nombre y apellido, de ahí “el Chulo”, el nombrado “Guiña”, “Payá mayor” o Payá menor”, entre muchos otros. En alguna ocasión me contaba mi recordado amigo Isidro Aguado, que su abuelo, antes de llegar a ser el pionero en la fabricación de hormas, fue zapatero manual y también tallaba sus propias hormas de madera, algo que no era insólito, pero sí una excelencia tallarlas con la calidad con las que las realizaba Aguado. “Isidro el tallista”, le llamaban dada su destreza en los albores de la confección de calzado en serie. Isidro comenzaría desde muy joven a formarse como zapatero de silla que y, como muchos, también compaginaría este incipiente oficio con salarios de miseria con otras actividades locales incluida la agricultura.

El inicio del oficio de la fabricación en serie en Elda, en un dibujo monocromo en tinta, de Gabriel Poveda Rico “Leirbarg” recreando una estampa familiar de mediados del siglo XIX.

Los libros de censo o padrón de oficios de mediados del siglo XIX no recogían muchos de los que trabajaban haciendo zapatos y compatibilizando esta con otras actividades en las que Elda destacaba, como majar esparto, que incluía la recogida; hacer papel de estraza; o simplemente braceros o arrieros de la villa, de ahí que nombres que serían destacados en el mundo del calzado de aquellos años, como es el caso de Aguado, no aparecieran en referencias censales.

Lo cierto es que el oficio nació del propio oficio, es decir, los zapateros remendones de aquellos años tendrían el valor y el acierto de poner a la Villa de Elda en el camino del progreso, por el que hemos caminado durante casi dos siglos, sin olvidar que nada es totalmente gratis, y levantar una industria que supuso un esfuerzo titánico que hoy estamos obligados a cuidar, para que el trabajo y la riqueza de la ciudad se mantenga y crezca. No despreciemos por tanto cualquier esfuerzo, todo suma y todos somos necesarios.

José María Amat Amer

Ejemplares momentos de la industria del calzado. El principio de la industria zapatera en Elda.

                                          Maestros artesanos eldenses trabajando manualmente.


Es importante y aleccionador conocer cómo se fraguaron los mejores momentos que vivió la transformación de la industria del calzado en nuestra ciudad, en Elda. Las personas más jóvenes, aquellas que no vivieron los momentos más brillantes y emblemáticos de la industria del calzado local, deben conocer y no olvidar que hubo un tiempo en que Elda brilló con luz propia muy por encima de otras ciudades zapateras. Bajo el título genérico de “Ejemplares momentos de la industria del calzado” iremos desgranando, en este blog, paso a paso, alguno de los grandes logros conseguidos por quienes fueron los actores más importantes y como lo hicieron.

El principio de la industria zapatera en Elda

No todos los pueblos pueden contar con una trayectoria tan singularmente creativa creando riqueza, con las solas fuerzas de sus ciudadanos. Elda era un pueblo agrícola hace apenas dos siglos y de esa agricultura vivían sus pocos tres mil habitantes.

Otras villas, dentro y fuera de nuestra comarca, tuvieron similares situaciones y de la agricultura mantenían su mayor parte del trabajo. Sin embargo, hay que decir con toda justicia que Elda no abandonó su agricultura para industrializarse, esta ciudad perdió el agua en una época en la que había en abundancia, la salinidad del agua que recibía arruinó su fértil huerta. A partir de ahí nada se nos regaló, hubo que sacrificarse y luchar duramente para tratar de conseguir una nueva vía de subsistencia.

Un pequeño taller de zapatería fue el principio de todo, unos zapateros remendones realizando zapatos para vender en mercadillos de la zona, fueron las primeras semillas de lo que se convertiría toda una capitalidad industrial de fabricación del calzado. El milagro de Elda, puesto que así se le puede llamar, se produjo, pero esos milagros poco o nada se dan si no hay una férrea voluntad de luchar y unas ganas enormes de buscar un horizonte que marque el camino del éxito y ese, a mi juicio, fue el milagro, a veces lo que ocurre es que cuando se pone fe y empeño en el trabajo, la suerte, que es siempre necesaria, también ayuda y Elda tuvo su oportunidad.

Cuando en la ciudad ya se hacían muchos miles de zapatos cada día, la indefinición por un tipo concreto estaba por llegar, cohabitaban las fábricas de calzados de señora con las de series y chicarro o zapato para niños, aunque también se podía ver anuncios de final de siglo XIX en los que se leía "Fábrica de calzados de todo tipo", es decir, que lo mismo se fabricaba señora, caballero o niño. Fue en esos primeros años de trabajo en serie o lo que podríamos llamar la productividad de la artesanía, porque casi todo se hacía a mano, cuando recibimos una expedición de mahoneses que sin duda, contribuyeron en gran medida a definir, o más bien a reafirmar un estilo de calzado de mayor calidad si cabe, y con una mayor orientación al zapato de mujer de alta calidad y de ahí al calzado llamado de lujo o zapato fino.

A veces nos paramos a pensar en el porqué de nuestra casi exclusiva especialización en zapato de mujer y, dentro de ese tipo, en el más alto en materia de calidad y diseño; en algunos casos incluso se ha escuchado algún lamento de que, si en Elda se hubiese fabricado otros tipos incluido los deportivos, nuestros baches habrían sido menores o más llevaderos. Sin embargo, puestos a soñar, creo que esta alta especialización es, lejos de lo que podría pensarse, un acierto, porque para cubrir los posibles periodos de crisis en el calzado en general, nada mejor que una industria diferente. una industria alternativa al calzado; pero puestos a mantener nuestra industria principal que nos ha dado progreso y riqueza y ha permitido situar a Elda dentro de las ciudades más importantes de la provincia y la más prestigiada en fabricación de calzado de España, ¿por qué perder nuestras señas de identidad como ciudad en la que el calzado es sinónimo de calidad y diseño?, ¿acaso el calzado deportivo o el chicarro e incluso el de caballero, nos habría situado en una cota más alta de prestigio? Creo rotundamente que no, Elda es lo que es gracias a lo que fabrica y aquí están reconocidos los mejores estilistas en calzado de España y aquí sigue estando la mayor riqueza en prestigio y calidad, no superadas por otras ciudades que nos quintuplican en producción y ventas. Nuestro milagro es mantener ese prestigio, es cuidar nuestra calidad, es rivalizar con los más grandes, nunca con los mediocres o los pequeños, en referencia únicamente a la calidad y al diseño.

"... Y aquel espíritu generador que hizo del caserío una aldea y de la aldea una Villa, rompió el estrecho círculo donde se consumía en vida isócrona, rudimentaria y pobre, pues si la agricultura daba el vivir, éralo en medida estrecha y como máxima compensación a rudos esfuerzos consumidores prematuros del vigor físico y anuladores por atrofia de energías cerebrales, y al romperlo, se abrió nuevo horizonte en el ancho campo donde la noble lucha de las aspiraciones, forjan el bienestar y progresos humanos. Y así, donde solo hubo manejar de azadas, ruido de esquilas y chirriar de grillos, se oyeron metálicos sonidos del martillo sobre el yunque, bronco trepidar de poleas y artefactos y activo trajinar en unos menesteres que no eran la siembra ni la siega, ni la trilla ni la vendimia, pero que era también trabajo; trabajo encauzado por distintos derroteros donde no solo había fuerza muscular, sino también ejercicio de la inteligencia que lo avaloraba y le hacía rendir una vida más holgada, aplicándolo a los primeros rudimentos industriales que aparecieron manifestados por medio de herrerías, fábricas de papel, molinos de majar esparto y un raquítico taller de zapatería.

Y de aquel taller humilde, nacieron las grandes fábricas con sus amplios e independientes edificios construidos expresamente con tal fin; y los calzados de Elda, en producción progresiva invadieron la España toda, ganaron premios de honor en exposiciones extranjeras y consagraron como industrial a este pueblo, cuyo nombre fue llevado triunfalmente por sus hijos en viajes laboriosos, lo mismo a las grandes urbes comerciales que a las apartadas y silenciosas aldeas.... Y así se formó la moderna ciudad de Elda." Antonio Vera en el “Liberal del Elda” número extraordinario de 1915. 

José María Amat Amer

martes, 17 de octubre de 2023

¿Elda renace?

 

¿Elda renace?

La apatía, la pasividad o la incapacidad, de nuevo vuelve a dar un revés a la ciudad de Elda, a su industria del calzado y a todos los eldenses. Quizá sea la suma de todas ellas las que de manera inexorable nos llevan a la irrelevancia en un sector, el del calzado, del que hemos sido siempre pioneros.

El pasado 22 de abril, expertos de la Comisión Europea se reunieron con representantes del sector calzado de Elche y de la industria marroquinera de Ubrique, para discutir la posibilidad de conceder un sello de denominación de origen (D.O.) a los zapatos y artículos de piel confeccionados en esas ciudades, a nadie se le escapa que por mucho que se diga o traten de convencernos, nuestros vecinos ilicitanos al conseguir este objetivo se convertirán en los capitalizadores de ese logro.

El pasado 22 de abril, expertos de la Comisión Europea se reunieron con representantes del sector calzado de Elche y de la industria marroquinera de Ubrique, para discutir la posibilidad de conceder un sello de denominación de origen (D.O.) a los zapatos y artículos de piel confeccionados en esas ciudades, a nadie se le escapa que por mucho que se diga o traten de convencernos, nuestros vecinos ilicitanos al conseguir este objetivo se convertirán en los capitalizadores de ese logro.

La inmovilidad

El 24 de julio de 2015 publiqué en el blog “Calzado” del semanario Valle de Elda un artículo titulado "Elda Prestigio como marca de calidad”, lo leyeron 3.529 personas y en ese escrito se pedía claramente una marca y una denominación de origen para nuestro calzado fabricado en la comarca.

El 24 de septiembre de 2015, el pleno municipal en su totalidad aprobó una moción para solicitar la denominación de “Zapatos de Elda”, como lo habían pedido otras poblaciones zapateras para sus fabricados.

En el trascurso de los años se han solicitado ante quien lo tenia que conceder, la Oficina de Marcas situada en nuestra capital, antes OAMI, ahora llamada EQUIPO y siempre por parte de los Ayuntamientos de las respectivas ciudades, la marca que identificara el zapato fabricado en cada ciudad o zona. Por allí han pasado la totalidad de poblaciones con tradición zapatera buscando su marca, desde Elche, hasta Arnedo (La Rioja), pasando por Baleares, Valverde etc., la única excepción notable Elda.

Desde aquel 2015, he venido insistiendo en la obtención de la marca de origen y de la denominación oficial de calidad para la ciudad de Elda, con la D.O. que sabíamos estaba a punto de concederse en actividades o artículos industriales, sin resultado alguno.

El pasado 14 de abril de 2022, también en el Blog Calzado de Valle de Elda y, esta vez, de forma desesperada, publique un escrito que se titulaba Elda debe solicitar sin demora la “Denominación de Origen para su calzado”, obtuvo 2.399 lecturas, pero de nuevo nadie movió un solo dedo.

¡Elda vuelve a perder!

Me cuesta decir esas palabras, pero desgraciadamente eso es así, digan lo que digan, manejen las encuestas que manejen o nos hablen de ese renacer que más parece dirigido a los festeros eldenses que a los trabajadores de nuestra ciudad. Con esta forma de “hacer valer la ciudad”, ni es posible renacer, ni es posible si quiera mantener a duras penas el nivel de empleo y crecimiento que es la base de todo lo demás, incluidas las fiestas.

A veces llego a preguntarme ante tanta pasividad si el equivocado seré yo. En algunas ocasiones he estado tentado de “pasar de todo” y no manifestar las posibles desgarradoras consecuencias que llevarán a nuestra ciudad a la irrelevancia, pero no puedo, es necesario que todos nos concienciemos que hay que luchar, los que estamos convencidos que el zapato eldense no es algo que se ha obtenido como una dádiva de instancias superiores, elevando la voz y afirmando con orgullo que se trata de una herencia de muchos otros, empresarios y trabajadores que, a lo largo de este duro camino de esfuerzo y sacrificio, lograron cedernos el testigo de un zapato, “hecho por artistas”, que merece la consideración de ser Denominación de Origen, ante cualquiera otro que pretenda subrogarse tal derecho.

Deseo ser voz constructiva, pero crítica, que denuncie que este no es el camino, no me resigno a perder lo que fuimos como pueblo y lo que representamos con el calzado en el panorama internacional. Elda necesita encontrar su senda de progreso, con una apuesta decidida que nos hizo únicos, lo que hemos recibido de generaciones anteriores.

Como casi siempre ocurre, ahora la ciudad obtendrá el “premio de consolación”, quizá se nos diga que la denominación que otros consiguen la compartirán, como ya ocurriera con el Centro Nacional de Referencia de Calzado (RNC)  y que a Elda se le dijo ser “sub-sede” que es como no decir absolutamente nada, o como aquel proyecto de Puerto Seco al que Elda siquiera presentó batalla, o a esa otra petición totalmente utópica que formulé en 1991, cuando se ofrecían compensaciones para Elda por la inminente pérdida de sus Ferias del Calzado, entonces puse la compensación en que la Oficina de Marcas se instalase en Elda, en el lugar que ocupaban los recintos feriales (Escrito al semanario Valle de Elda), pero tampoco nadie me siguió.

La triste realidad es que somos los perdedores de siempre y así nos va.

Cuando en 2015 me personé en la Oficina de Marcas de Alicante, buscando asesoramiento para trasladarlo al Ayuntamiento de nuestro pueblo, y recogí toda la documentación, que cumplimente, para la obtención de la marca de calzados de origen Elda y la denominación de Calzado de Artesanía, se me dijo con total claridad que al único organismo que se le otorgaría la D.O. cuando se aprobase, sería al Ayuntamiento de Elda como representante de Asociaciones Sectoriales y Locales, si por medio de una institución sectorial hubiese sido posible, a través del Museo del Calzado Elda ya la tendría.

viernes, 8 de septiembre de 2023

Los hijos del olvido. "Honor y Gloria"

 La historia de los pueblos las suele escribir personas que investigan aquellos hechos que fueron especialmente importantes y quienes los promovieron. Pero, en algunos casos, nos encontramos con olvidos clamorosos de individuos o colectivos que fueron capaces de alumbrar actuaciones que tuvieron enorme repercusión, algunas, por los beneficios económicos que generaron, otras, por el alcance social o cultural de relevantes consecuencias para la ciudad.

Con el avance de la tecnología aplicada a los medios de comunicación, es más sencillo analizar hechos acaecidos en el pasado, sin que necesariamente se tenga que recurrir a los historiadores que los vivieron, basta con extraerlos de las hemerotecas. 

La historia es una vacuna contra la ignorancia, un antídoto contra las distorsiones de la ideología y de la propaganda. La historia es completamente necesaria para desbaratar las mentiras que los aspirantes al poder cuentan sobre ella, y para inculcar en las gentes de a pie el sentido de las responsabilidades políticas, morales y civiles, mostrando que nada de lo ocurrido tuvo que ocurrir inevitablemente, que lo que aconteció ayer y acontece hoy no responde a un destino ciego e inexorable, sino a la virtud, inteligencia y sabiduría de los hombres; y, por supuesto, a la perversidad, estupidez e ignorancia de esos mismos hombres. Fernando García de Cortázar.

Reescribir la historia no es cosa nueva, siempre se ha escrito o hablado de personajes que no fueron en aquello que se dice lo contrario, como también pasaron casi desapercibidos nombres de relevantes personas que no contaron con lo que algunos llamarían, “un apadrinamiento adecuado”. Hoy, con referencias habladas, escritas e incluso filmadas, es más difícil “dar gato por liebre”.

 En algunas ocasiones los hombres ilustres de una comunidad de personas, pueblos o incluso naciones, están a merced de los méritos que, para quienes tienen la facultad de otorgar reconocimientos, ejercen su poder atendiendo a parámetros que, en algunos casos, ensombrecen lo que debiera ser una honorable y digna tarea, y que puede verse afectada por cuestiones sociales o motivaciones ideológicas y políticas.

 Reescribir la historia no tiene porqué ser malo, lo abominable es que esa reescritura se aleje de la verdad de los hechos, para potenciar una versión determinada de nuestro pasado. Por eso cuando en estas líneas que titulamos “Fueron hijos del olvido”, se está mencionando a aquellos que, en su momento, fueron olvidados por la sociedad de su tiempo y aportaron honor y gloria a su ciudad o su entorno. Sirva este escrito como muestra y reivindicación de los muchos olvidados tuvo la ciudad de Elda en otros tiempos.

 

Hombres y mujeres ilustres

 El Elda tenemos muchos ejemplos que podrían servir de patrón para dar sentido o entender lo que deseo exponer en estas páginas.

 Hubo hombres y mujeres que fueron personas brillantes, que alcanzaron objetivos extraordinarios y beneficiaron con ello a la colectividad. Algunos recibieron el honor de ser considerados por sus méritos, pero otros cayeron en el olvido a pesar de que los efectos de sus acciones crearon riqueza y prestigio para la colectividad; destacaron de entre los de su tiempo, colaborando en el desarrollo y crecimiento del país, de la región y dieron gloria a la ciudad de Elda. 

 Vivimos en un pueblo en el que quizá sea una de las poblaciones que con mayor certeza y evidencia podrían hallarse ejemplos de hombres y mujeres que cayeron en el olvido, los jóvenes de hoy desconocen lo que realizaron y que el tiempo se ha encargado de silenciar.

Silvestre Hernández Poveda

 Nació en 1851, quizá el primer fabricante formado desde casi su niñez como aprendiz de la incipiente industria del calzado eldense, y el más importante en los albores de la actividad zapatera, precursor de la industria artesana del calzado de señora, forjador de una gran industria situada, a finales del siglo XIX, en lo que es ahora la plaza de las Huestes del Cadí, en la calle San Roque.

 

                           Unos de los primeros talleres de confección de calzado Museo del Calzado

 Aquel primer taller de fabricación de calzados tuvo su originaria actividad en el año 1883, pero la fuerza creadora del calzado de calidad obró el milagro, de un taller con apenas una veintena de obreros, se pasaría a final de siglo a una de las fábricas más grandes en número de trabajadores, más de 400, y en producción de zapatos de todas las clases, como era habitual en aquellos años, superando los ochocientos pares diarios.

 Silvestre murió a los 95 años, en 1947, dejando atrás una huella indeleble al ser el pionero en la provincia de Alicante, en fabricar zapatos de “lujo” artesanos y semi mecanizados y haber alcanzado el honor de ser fundador de una gran industria.

 Rafael Romero Utrilles

 La tradición y el “boca a boca” nos legó la frase “Elda, París Y Londres”.

 

                  

                         Rafael Romero Utrilles con su familia hacia final del siglo XIX

 Rafael Romero Utrilles, del que tanto se ha hablado en medios de comunicación contemporáneos, fue el artífice de aquella gran fábrica de calzados que ocupaba parte de lo que hoy es la calle Dahellos, creando trabajo para cientos de personas, que según algunos cronistas lo cifraban en más de 800 trabajadores en su mejor época.

 

                    Dibujo coloreado de la gran industria de Romero Utrilles. Museo del Calzado

 En 1902 conseguiría para su empresa y para el prestigio del calzado eldense, sendas medallas de oro en las Exposiciones Universales de París y Londres, de ahí pudiera derivar la frase Elda, París y Londres. Aunque su gesta sirve de recordatorio permanente, nunca pudo ser reconocido por ello.

        

                       Anverso y reverso de ambas medallas de oro. Museo del Calzado

 En aquel siglo XIX, no fueron los únicos en transformar la maltrecha economía agrícola de la villa y convertirla en un centro productivo de calzado, hubo muchos más, y no solo zapateros.

 Isidro Aguado Aravid

 El fabricante de hormas más importante de España que llegó a forjar una impresionante industria.

 Aguado nació en Elda en 1840, zapatero de silla en sus inicios, tallaba las hormas que empleaba para montar los zapatos.

 Fue en el barrio de la Alfaguara, en unos 7600 m2, donde existía uno de los mayores molinos de la región, movido por una noria que extraía agua de un canal que venía, canalizada, directamente del pantano de Elda.

 El agua movía el embarrado de la nave que accionaba las máquinas, alguna de ellas de su invención, otras eran accionadas por la fuerza animal, con una mula girando alrededor de un torno que movía el embarrado.

 

Naves industriales construidas cerca del margen derecho de Vinalopó y en la zona del actual barrio de Huerta Nueva

 Para mayores méritos de este ejemplar empresario, se da la circunstancia que en su empresa se anotaba con meticulosidad, los detalles de las empresas a las que suministraba hormas en nuestro país y en territorios de ultramar, y ese “libro de clientes” nos da hoy una idea de las industrias y talleres de fabricación de calzados que existía en cada región de España a finales del siglo XIX.

En este grupo presidido por Isidro Aguado Aravid con alguno de sus encargados de sección y trabajadores de la empresa, se observan importantes hormeros de Elda y Petrer que, años más tarde, construirían sus propias empresas y crearían sus marcas de fabricaciónMuseo del Calzado

 Su nieto, Isidro Aguado Sánchez, se convertiría en 1999 en uno de los más activos mecenas del Museo del Calzado, su labor de mecenazgo siempre estuvo desligada de su actividad industrial, un gesto de compromiso personal que mantuvo hasta el final de su vida.

 

Isidro Aguado Sánchez fotografiado con el dibujo, firmado por Gabriel Poveda “Leirbag” , en el que se aprecian las naves industriales y la canalización que conducía el agua del río Vinalopó para mover las máquinas.

 Oscar Santos González

Un fabricante de calzados de alta gama para mujer que conseguiría en 1959 el premio "Cambrillón de Oro" al zapato mejor hecho, en la I Concurso Exposición de calzado de dio paso a la I Feria Nacional.

   

Oscar Santos González. Empresario del Calzado (1915 – 1979) y zapato ganador del “cambrillón de oro”. Museo del Calzado

 Fabricó, en una modesta industria, un zapato de lujo con la marca “Helen”, en honor a su esposa Elena, pero sus méritos fueron más allá.

 Oscar Santos fue la primera persona que hizo pública la idea de crear en Elda una gran feria de calzado, insistiendo una y otra vez en los beneficios que ello aportaría a la ciudad de Elda y al sector zapatero; ideólogo, junto con Roque Calpena, de aquel movimiento económico que supuso un auténtico “milagro” para nuestra industria del calzado en 1959 y siguientes, con la creación y puesta en marcha de la primera feria monográfica local de calzado y a continuación, las Ferias Nacionales e Internacionales, que tanta riqueza y prestigio dieron a nuestra ciudad.

 Su machacona insistencia dio lugar a que un deseo se convirtiese en una necesidad, movilizando con sus escritos a fabricantes y asociaciones empresariales de nuestra comarca que, como él, estaban convencidos que el futuro de Elda pasaría por una gran exposición abierta al mundo.

 

José María Gran Diez

   

            José María Gran Diez                         Estand de Elda Exportadora en ll I Feria Nacional

Un industrial comprometido con la ciudad de Elda y con la industria del calzado, arriesgo su patrimonio creando varias sociedades y empresas, entre ellas, Calzados Proa, que diera trabajo, prestigio y riqueza en las décadas de los años 60 y 70, que abrió el camino para una beneficiosa exportación de zapatos eldenses, presidiendo la primera acción decidida para abrir nuestra ciudad al exterior.

 Gran, junto con otros industriales de Elda, creó una sociedad exportadora, llamada “Goyescas-Elda-España”, con el acrónimo SECSA (Sociedad Exportadora de Calzados S.A.) que fue precursora de las exportaciones eldenses asociadas y fue esta sociedad la que cedió paso a “Elda exportadora”.

  Elda Exportadora

 Fue una gran idea que llegó a reunir 250 industrias asociadas en 1961, y de cuyas misiones comerciales, vendiendo cientos de miles de zapatos en todo el mundo (“La FICIA. Un gran esfuerzo colectivo” pp.146). Durante los años que estuvo activa participó, con un estand propio, en las ferias nacionales e internacionales que se celebraban en Elda. En los periodos entre ferias, viajaban misiones comerciales a Europa y EE. UU. en busca de pedidos para las fábricas asociadas, y fue la primera institución en solicitar la exención de aranceles para la importación de maquinaria, como ya lo hicieran países como Alemania, Francia o Italia que competían en la fabricación de calzados en Europa. (La FICIA pp. 119)

 

 

Junta directiva de "Elda Exportadora", entre otros: José María Gran, Oscar Santos, José María Alarcón, Vicente Esteve, Juan Gómez Ribas, Jaime Segarra, Francisco Cremades, Octavio Santos, Antonio Porta, Bartolomé Crespi, Leopoldo Merino, José Aguado y Antonio Juan. Museo del Calzado

 Pero José María Gran hizo mucho más. El primer año de la Feria Nacional del Calzado, en 1960, fue la persona que hizo amistad y convenció al representante de la administración de la Cooperación Internacional de Estados Unidos de América, Mr. Louis G. Feman, para que potenciase las calidades del zapato fabricado en Elda, tratando de introducirlo masivamente en los EE. UU. como así fue.

 Lorenzo Manero Juan

 Creador de un “Modelo de utilidad” que dio la vuelta al mundo y expandieron el nombre de su origen, Elda, con un pantógrafo de su invención para escalar patrones patentado en mayo de 1960.

 En el Museo del Calzado se conservan varios pantógrafos donados por modelistas del sector, podemos afirmar sin caer en exageraciones, que la gran mayoría de diseñadores, modelistas o patronistas de nuestro país, tenían como herramienta de trabajo este sencillo y útil pantógrafo, que fue sustituido más tarde por los pantógrafos automáticos, sin embargo, todavía podemos encontrar este tipo de herramienta en algunos profesionales de las zonas zapateras.

                        

Lorenzo Manero y croquis del pantógrafo reconocido como modelo de utilidad. Museo del Calzado

 Remedios González Romero

 Podríamos representar en Remedios González el sacrificado trabajo de las aparadoras eldenses. Mujeres que conllevaron una doble tarea: su trabajo en la casa al cuidado de las labores de ama de casa, al cuidado de los hijos, en momentos en los que Elda carecía de guarderías o colegios para niños de corta edad, y que compatibilizaban con el aparado realizado hasta altas horas de la madrugada, mal remunerado y sin los derechos que amparan a un trabajador legalizado, tratando de ayudar a la frágil economía doméstica.

 Remedios fue persona respetada y querida y muchas de las aparadoras que hoy son madres e incluso abuelas, pasaron por sus aulas.

 Cabe destacar, otra maestra de aparado con la que tuve el privilegio de compartir claustro de profesores en el Instituto de Formación Profesional “La Torreta”, donde pasaron cientos de alumnas por sus talleres, Salud Sáez Conesa, una gran profesional y comprometida con la docencia.

 

Remedios González recibiendo el homenaje de sus compañeros. En la imagen también una maestra de aparado y profesora, Salud Sáez Conesa, que siguió la estela de Remedios, 

 Fue maestra de maestras, es decir, ejerció desde su creación, como profesora de aparado en la primera escuela de Aprendizaje Industrial que tubo Elda, la Escuela de Artes y Oficios.

 Pero la historia de nuestro pueblo también recoge trágicas injusticias que fueron ejemplo de atrocidades, algunas se cebaron en personas sobresalientes que facilitaron trabajo y riqueza en Elda y Petrer en momentos dramáticos.

 Tomás Guarinos Maestre

 El menor aprecio, el olvido, es siempre injusto cuando ocasiona la pérdida de la memoria de unos hechos que fueron notables y beneficiaron a muchas personas en Elda y Petrer y al prestigio de la comarca.

 

Tomás Guarinos Maestre. Procurador de los Tribunales, consejero secretario del Banco de Elda y Fundador de la SICEP. Museo del Calzado

Tomás Guarinos fue la persona que, en 1936, tras el pronunciamiento militar contra el gobierno de la II República, lo que se llamó el Alzamiento Nacional, con fabricas cerradas y huelgas en ambas poblaciones, fundó una cooperativa de industrias que trabajó durante los casi cuatro años que duró aquella terrible Guerra Civil.

Guarinos, en aquellos años, era un prestigioso Procurador de los Tribunales que tenía una amplia cartera de clientes entre la mayor parte del empresariado de la comarca, pero que era reconocido por su talante dialogante y su capacidad de convicción, también entre los sindicatos de trabajadores del sector zapatero.

 Los bancos que operaban en la ciudad: Español de Crédito; Hispano Americano; Popular y el nombrado Banco de Elda (de la que Guarinos formaba parte como consejero secretario en su consejo de administración), junto con la Asociación de fabricantes de Elda y Petrel, estaban preocupados por la situación de las empresas y naturalmente de los trabajadores que integraban las plantillas de las mismas, la posible incautación de fábricas por parte de los sindicatos de la época podrían colapsar la viabilidad de operaciones crediticias para obtener préstamos de los bancos implicados, en definitiva, la situación de las poblaciones de nuestro valle se encontraban en un estado de quiebra aparente que podría desencadenar el cierre total de la industria.

De la reunión de las partes con Tomás Guarinos, salió la propuesta de crear una cooperativa empresarial, lo que se llamaría S.I.C.E.P. (Sindicato de la Industria del Calzado de Elda y Petrel), pero para llegar a ese punto hubo que convencer y eliminar las reticencias surgidas por parte de empresarios y trabajadores.

 El gran invento de la SICEP

 No vamos a incidir de nuevo en lo que fue y como se desarrolló la cooperativa empresaria bajo el acrónimo SICEP, otros autores ya lo han ido desgranado en revistas y publicaciones, yo mismo escribí en 2015 un libro que se titula “Industria del Calzado Eldense: Tres momentos clave” y en él dedique un amplio capítulo a describir extensamente como se creó y las dificultades por las que atravesó, también el reparto de posibles beneficios, todo ello rescatado de los documentos autógrafos del señor Guarinos y lo beneficioso que fue para Elda y Petrer.

 

Lo que pretendo es transmitir el esfuerzo titánico de un eldense, Tomás Guarinos Maestre, para negociar con sindicatos, asociación de empresarios, bancos y trabajadores de empresas, algunas abandonadas por sus propietarios, una asociación que dio beneficios y que, sobre todo y de forma muy especial, dio trabajo en guerra a más de 12.000 trabajadores de forma directa y llegaría a los 30.000 incluyendo el trabajo inducido.

 Constitución de la Sociedad

 El inicio de la Sociedad lo justifica Guarinos, “por la voluntad de los bancos con los empresarios para, por una parte, solucionar el pago de jornales improductivos y, por otra, para mantener las fábricas activas y evitar la incautación”.

 La Sociedad se constituyó legalmente el 18 de agosto de 1936.

 En un principio eran 17 socios:

 José Guarinos VeraJosé Martínez SánchezGenaro Vera CoronelFrancisco Vera SantosJosé Alemany MaciáJosé Porta Rausa (por la empresa Antonio Porta); Felipe Rivas Rubio (por la empresa de Francisco Ribas Rubio); Vicente Gil Navarro (por Teófilo Gil); Luís Maestre Coronel; Manuel Vera García; Felipe Peñataro SanchízJosé Gerónimo GuillLuís Bel Garrigós y Pedro Milán Borrás; los nombrados eran fabricantes de Elda, y también se unieron Ricardo Villaplana Reig (por la empresa LUVI); Alfonso Chico de Guzmán y Francisco Agatángelo Martínez, estos últimos de Petrer. Pero muy pronto la lista iría creciendo y conforme avanzaba la guerra y se comprobaba la estabilidad de las industrias fundadoras y las amortizaciones que se iban realizando, la entrada de empresas en SICEP era casi constante hasta alcanzar las ochenta fábricas, entre ellas la gran fábrica de los Bellod (Industria que anteriormente era la de Romero Utrilles), como se conocía popularmente. Con ese número, y teniendo en cuenta que algunas de las industrias nombradas, el montante de trabajadores directos en fábricas alcanzó la cifra nada desdeñable de 12.000 almas, y todo ello sin contar el trabajo inducido y a domicilio, servicios y personal auxiliar, que en total duplicaban esa cifra y superaría los treinta mil trabajadores repartidos en varias ciudades, Valencia y Barcelona, donde SICEP tenía sus almacenes. 

 Con las aportaciones de mil pesetas cada empresario, se conformaron los estatutos de la sociedad que estaba regida por un Consejo de Administración, formado por siete de sus miembros elegidos por mayoría de votos.

 

                  Antiguo edificio, en la calle Conde Coloma de Elda, en el que se ubicaron los almacenes de SICEP

 Perseguido y encarcelado

 El inductor, organizador y administrador de SICEP, al término de la contienda entre españoles, fue arrestado primero, encarcelado y desterrado del territorio peninsular, al haberse aplicado sobre él y su familia, las injustas e implacables leyes que perseguían y reprimían algunas sociedades, entre ellas la masonería.

 Guarinos fue desposeído de su titulación, sin embargo, era tal su talante que perdonó y, con el paso del tiempo, fue admirado por los mismos que lo acusaron, provocando consecuencias que le llevaron, a él mismo y a su familia, a padecer calamidades, la más terrible, la separación de su esposa e hijos durante años.

 El recuerdo de grandes hombres y mujeres se valoran por el compromiso con el bien común y los nombrados, junto a muchos otros, dieron un maravilloso ejemplo.

 José María Amat Amer

 Septiembre de 2023


 Bibliografía

 Amat Amer J.M. – 2002 - “La FICIA un gran esfuerzo colectivo”

 Amat Amer J.M. – 2007 – “Dos siglos de Industrialización en la Comunidad Valenciana”.

 Amat Amer J.M. – 2015 – “Industria del Calzado Eldense: Tres momentos clave”

 Archivo Histórico Nacional – Sección Guerra Civil.

 Valle de Elda. Blog CALZADO