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miércoles, 15 de mayo de 2013

El Museo del Calzado de Salvatore Ferragamo en Italia

Este Museo de Calzados está ubicado en la Piazza Santa Trinità de la ciudad italiana de Florencia; entre los muchos objetos que allí se exponen, como hormas, fotografías, escritos, zapatos, hay una sección específica referida a hormas y zapatos que calzaron personalidades del mundo de las artes, la política y famosos y famosas en general. Entre los personajes que calzaron sus diseños se encuentran: Marilyn Monroe o Sophia Loren. Pero quizás lo más llamativo de este Museo es el contenedor en el que se encuentra y la mezcla de zapatos, hormas y piezas u obras de arte de los eternos creadores italianos del renacimiento, allí se respira arte entre obras de Bernini, Giotto, Brunelleschi o Miguel Angel, entre otros. Un Museo recomendable para los amantes del calzado que merece la pena visitar.







 
En el Museo se exhiben los objetos con un sistema de rotación de dos años. Cada período tiene un tema que explora nuevas relaciones entre la moda, el arte y la cultura en general. El Museo Salvatore Ferragamo es ahora capaz de ir mucho más allá de la historia del fundador de la compañía y sus creaciones. La misión del Museo es diseñar, organizar y promover exposiciones, seminarios y otros eventos centrados en la cultura de la moda contemporánea en el sentido más amplio.

 
 
Breve biografía de Ferragamo:
Salvatore Ferragamo nació en 1898 en Bonito, en la región italiana de Campania, siendo el undécimo de catorce hermanos. Luego de hacer su primer par de zapatos a los nueve años de edad —para sus hermanas en el día de su confirmación—, el joven Salvatore se dio cuenta de su vocación. Después de estudiar confección de calzado en Nápoles por un año, inauguró una pequeña tienda ubicada en la casa de sus padres. En 1914 emigró a Boston, Estados Unidos, donde uno de sus hermanos trabajaba en una fábrica de botas para vaqueros.
 
Tras un breve periodo en la fábrica, Ferragamo convenció a sus hermanos de mudarse a California; primero a Santa Bárbara y luego aHollywood. Ahí fue donde encontró el éxito, abriendo inicialmente una tienda para reparar y confeccionar zapatos a la medida, que pronto produjo valiosos artículos para las celebridades y la industria cinematográfica de la época. Sin embargo, su reputación como «zapatero de las estrellas» sólo lo satisfacía parcialmente, ya que no entendía por qué sus zapatos complacían la vista, pero herían los pies, así que ingresó a la Universidad del Sur de California para estudiar Anatomía.
 
Luego de pasar trece años en Estados Unidos, Ferragamo regresó a Italia en 1927, pero esta vez se radicó en Florencia. Allí comenzó a crear calzado de moda para las más ricas y poderosas mujeres del siglo, desde la Majaraní de Cooch Behar, hasta Eva Perón. En 1929 inauguró un taller en la Vía Mannelli, se concentró en el diseño y patentó modelos ornamentales y utilitarios, además de otras invenciones. Aunque se declaró en bancarrota en 1933 debido a una mala administración y a las presiones económicas, Ferragamo expandió sus operaciones durante los años 1950 con un personal de casi 700 artesanos expertos, quienes producían 350 pares de zapatos hechos a mano cada día.
 
Ferragamo siempre fue reconocido por ser visionario y sus diseños iban desde bizarras obras de arte hasta elegantes modelos que sirivieron de inspiración para otros zapateros de la época. Salvatore Ferragamo murió en 1960 a los 62 años de edad, pero su nombre continúa como una compañía internacional, cuya gama de productos abarca zapatos de lujo, bolsos, gafas, accesorios de seda, relojes, perfumes y una línea de ropa lista-para-usar. Al fallecer, su esposa Wanda y sus seis hijos —Fiamma, Giovanna, Fulvia, Ferruccio, Massimo y Leonardo— se hicieron cargo de la empresa Ferragamo. Una de sus más notables creaciones fue el «tacón de jaula». Fiamma —la hija mayor de Salvatore que falleció en 1998— heredó el talento inimitable de su padre y creó en 1978 los zapatos de salón «Vara».
* Pagina Oficial de Museo Ferragamo
* Wikipedia
 J.M. Amat. Fundador del Museo del Calzado de Elda (España)

sábado, 27 de octubre de 2012

La moda en el uso del calzado en la época del Renacimiento

 

La Edad Media dejó paso a una época de cambios que afectó especialmente a Europa, desde el chapín veneciano al pico de pato o morro de vaca.
Chapín veneciano del siglo XVI - Imagen Google

El norte y el centro de Italia, con la ciudad de Florencia a la cabeza, se convertiría en el siglo XV, en el foco y referencia de la moda , pero este movimiento también salpicó a Francia, Inglaterra y España.
En este periodo aparecieron genios de las artes y de las ciencias que convulsionaron la sociedad de la época: Leonardo Da Vinci, Galileo, Andrea del Verrocchio, Lorenzo en Magnífico, Antonio y Piero Pollaiuolo, Miguel Angel, Ticiano, Rafael, Sandro Botticelli, Pîco de la Mirándola y Filippino Lippi, entre otros, fueron personajes que desarrollaron su trabajo en el Renacimiento, pero además la influencia del descubrimiento de América, tendría sus efectos en una sociedad creativa y singular.

Una primera transformación en el uso de zapato

La sobriedad de la última parte de la Edad Media, se entrelaza con los primeros años del siglo XV; el embarrado de las calles que hacían necesario el empleo de una plataforma, para las clases más adineradas, y los zapatos con puntas muy largas, se pasa aun tipo de calzado más cómodo y ancho.

El calzado "morro de vaca"

Se trataba de un zapato muy ancho con una puntera excesivamente cuadrada y también ancha que recibía el nombre de "morro de vaca" y también "pico de pato" o "pata de oso", precisamente por la expresividad en asimilar esas formas. Este calzado presentaba diferentes aspectos, era sencillo e incluso de tejido de lino, para los lacayos y personas de baja posición, a los adornados zapatos de piel con los que se calzaban los nobles, aderezados con ricos bordados en oro o plata.

El calzado de las damas

Las mujeres llevaban casi siempre los pies ocultos o semiocultos por las largas faldas que apenas dejaban ver el pie, sin embargo, en la alta burguesía se empleaba un tipo de calzado tipo babucha sin talón, para ser descalzado con facilidad y hecho con sedas o tejidos tipo tapìcería, con una protección en la parte de la suela de cuero e incluso madera, para evitar las humedades del terreno, ya que los materiales carecían de impermeabilidad.

El zapato español del Renacimiento

Aún no siendo España, una nación importante en lo referente a la moda, sí lo era como conquistadora y dueña de medio mundo, el zapato español llegó a imponer algunas de sus características en el siglo XV y XVI, entre ellas, las bondades de sus pieles y la elegancia en los diseños.

El calzado sobrio en el reinado de Felipe II

El zapato en los primeros años del siglo XVI siguen los dictados de la corte y en España, Felipe II, impone líneas de gran sobriedad con escasez de colorido, se usa el color negro y esos tonos imperan en la corte y fuera de ella.

El uso de los chapines

Según algunos historiadores, el chapín podría ser un tipo de calzado que los españoles pusieron de moda, algunos afirman que los nuevos conquistadores podrían haberlos importado del nuevo mundo y otros que fue España la que inició la moda o costumbre de elevar la figura de las mujeres sobre estos innovadores calzados. El propio Miguel de Cervantes los nombra en varias de sus obras.

Los chapines venecianos

Indudablemente el chapín alcanza su máxima extravagancia en la Venecia del siglo XV. Las damas lo usan para elevar su figura de forma espectacular, lo que ponía en contraposición las medidas de las colas de las faldas de la mujer, que debían ajustarse a ciertas medidas máximas. Los chapines en Venecia llegaban a alcanzar hasta 50 centímetros de altura, lo que ponía en peligro la estabilidad de la mujer y atentaba al buen gusto, a las costumbres y a la moral.

Los precursores del tacón

Se dice que desde Catalina de Médicis, por su baja estatura, llevaría un tacón similar a los empleados en las botas militares de los siglos XIV y XV y en Francia, adoptarían este complemento para elevar la altura de las personas, pero sin caer en las exageraciones del chapín.