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miércoles, 12 de noviembre de 2025

Elda, 25 años premiando la elegancia española. “La Mujer Mejor Calzada de España”.

 

  

                                              Versión ilustrada de algunas de las premiadas

 En Elda, mi ciudad, donde el sonido de las máquinas y el olor de los pegamentos y cueros formaron parte del paisaje cotidiano, el calzado no es solo una industria, es una forma de cultura.

Desde hace veinticinco años, nuestro pueblo rinde homenaje a su mayor seña de identidad con un galardón singular, el Premio a la Mujer Mejor Calzada de España, una distinción que aúna arte, elegancia y tradición.

Más allá de la curiosidad o del brillo mediático, el premio representa un tributo al buen gusto, al saber calzar y, sobre todo, al valor de un producto que ha hecho historia en nuestro país: el zapato español de calidad, instituido por el Museo del Calzado de Elda que ostenta la propiedad intelectual, inscrita en EUIPO, como prueba de un logro irreversible. Con este reconocimiento se busca destacar la importancia del calzado como expresión de personalidad, pero también, como emblema de una industria que ha sabido mantenerse fiel a sus raíces mientras se adapta al ritmo del mundo moderno.

Elda, capital del buen calzado

El premio tiene para Elda un significado que trasciende lo simbólico. Esta ciudad, corazón del llamado Elda-Petrel Shoe Valley, o lo que es lo mismo, pero en español, “Valle del Zapato de Elda y Petrel”, ha sido durante décadas, desde finales del siglo XIX, uno de los grandes centros productores de calzado de alta gama en Europa. Cada par que sale de sus fábricas y talleres es el resultado de una combinación magistral de oficio, paciencia y detalle.

Cuando cada año una figura pública, ya sea una actriz, periodista, modelo o miembro de la sociedad más notoria, recibe el título de Mujer Mejor Calzada de España, esta distinción lleva consigo parte de esa historia colectiva. Mujeres como: Concha Velasco, Anne Igartiburu, Paz Vega o la Baronesa Thyssen-Bornemisza, entre muchas otras, han contribuido a proyectar la elegancia y el saber hacer del calzado eldense, actuando como auténticas embajadoras de una tradición que pisa fuerte dentro y fuera de nuestras fronteras.

El poder de la imagen

En tiempos en los que la comunicación se mide en segundos y en pantallas, el poder de una imagen bien elegida puede llegar donde no alcanza la publicidad convencional. Asociar el calzado español de calidad a una mujer distinguida, admirada o influyente, convierte este galardón en una herramienta de promoción tan efectiva como refinada.

La Mujer Mejor Calzada no es solo una musa del diseño: es también el rostro visible de un sector que reivindica la autenticidad frente a la producción masiva y la despersonalización de la moda. Su figura ayuda a difundir el valor de lo artesano, del estilo bien entendido y del lujo discreto que define al zapato hecho en España.

Proyección

Un jurado profesional es la base para consolidar el prestigio del premio, un factor que, según la estrategia de Berlanga, repetía siempre: “El jurado de estos premios debe robustecer y enriquecer el prestigio del galardón, tanto o más como la figura a la que se pretende homenajear”

   


 
El jurado de 2003 reunido en Madrid para fallar el premio a la Mujer Mejor Calzada. En la foto de izquierda a derecha: Luis Alberto de Cuenca; Luís García Berlanga; Juan Pascual Azorín; Joaquín Planelles; Antonio Porpetta; Lourdes Ventura; La princesa Tessa de Baviera; Alicia Mariño Espuelas y José María Amat, completaba el jurado la actriz Concha Velasco.

El premio, además, sirve para fortalecer la relación entre la industria y la cultura. Cada edición se convierte en un escaparate donde confluyen la creatividad de los diseñadores, la precisión de los artesanos y la sensibilidad de quienes saben apreciar un trabajo bien hecho. El Museo del Calzado de Elda, custodio de la memoria de este oficio, encuentra en el galardón una forma de mantener viva la conexión entre pasado y presente, y de conformar una pasarela internacional que proyecte la trayectoria del zapato español.

Porque el calzado no es solo un complemento, es un lenguaje que habla de elegancia, identidad y carácter. Y en ese idioma, Elda lleva muchas décadas escribiendo su propia historia con paso firme. El premio a la Mujer Mejor Calzada de España no celebra únicamente la belleza o el estilo, sino la dignidad de un oficio que convierte cada zapato en una obra de arte.

Este 2025 celebramos los primeros veinticinco años de uno de los galardones más emblemáticos del sector zapatero. Un premio que distingue a mujeres convertidas en iconos del buen calzar, y cuyos pasos, firmes y elegantes, siguen acercando el calzado español a la excelencia y al reconocimiento internacional.

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domingo, 2 de septiembre de 2012

Evolución del oficio de zapatero. Antiguos gremios.

 
 
El trabajo de zapatero data desde que el hombre usa calzado, la evolución de este oficio en Europa está plagado de brillos y sombras.
Aunque hasta la Edad Media no aparecen escritos relacionados con la profesión de zapatero, sabemos de la profesión en la antigua Grecia y el Imperio Romano, pero el que no existiese una reglamentación para zapateros, la labor de hacer calzado debió existir desde que el hombre habitó la tierra y sintió la necesidad de proteger sus pies con pieles y hojas. En civilizaciones tan arcaicas como las dinastías faraónicas, el uso de calzado en la corte especialmente, tenía una gran importancia y significación.


Taller de zpatería en el medievo. Imagen Google

Los zapateros remendones

Con este nombre se han conocido y se conocen, los zapateros que, repartidos por todo el orbe, se encargan de hacer zapatos con sus manos o reparar los calzados rotos o desgastados. Es un viejo oficio que no queda reglamentado hasta la aparición de los gremios y las cofradías de antiguos zapateros.

Los gremios zapateros

Los artesanos zapateros empezaron a agremiarse en Europa, a partir de siglo X, hay abundante bibliografía sobre estos movimientos gremiales que llegaron a tener una gran influencia en casi todos los reinos del viejo continente.

El oficio de zapatero y el gremio que los representaba, gozaban de privilegios que, en algunos casos, eran equivalentes a títulos nobiliarios y compartían privilegios, tanto en la vida civil como en la religiosa. Muchos de esos gremios tenían un gran patrimonio y las riquezas las administraban en favor de los agremiados; incluso ayudaban a la construcción de catedrales o a la ayuda a menesterosos.
 
Puerta principal de la Iglesia de Santiago en Carrión de los Condes, entre las figuras talladas en su puerta románica, se encuentran varios oficios der los gremios medievales, uno de ellos el de zapateros. Imagen Google
 
Detalle de los gremios en el pórtico de la iglesia de Santiago. Imagen Google

Las exigencias de los gremios

A los miembros de los gremios zapateros se les imponía una serie de obligaciones y que debían cumplir con la mayor rectitud. Era obligación de los agremiados:
- Realizar los trabajos de zapatería con luz diurna, es decir, estaba prohibido realizar sus trabajos tras la puesta del sol..
- La obra debía ser perfecta, sin defectos, siguiendo criterios de arte y los trasgresores se les imponía una multa o se les castigaba con azotes en la plaza pública.
- Tenían la obligación, en caso de enfermedad, de colaborar con la familia del zapatero realizando sus trabajos y, en caso de fallecimiento, al sustento por un tiempo de la viuda e hijos.
- No podía agremiarse, dentro de la misma profesión, zapateros de distintos oficios, por ejemplo con los boteros, así apareció el secretismo de las asociaciones "zapateros-boteros".
- Prohibición de mezclar pieles, llamadas nobles, con otras de baja procedencia, por ejemplo la piel de cerdo o colocar entresuelas.

Estrictas normas de conducta

El oficio de zapatero, en la antigüedad, seguía unas estrictas normas de aprendizaje y de conducta en el trabajo y en las actividades cotidianas. Para poder ser zapatero era indispensable seguir una larga preparación a cargo de un maestre zapatero y después pasar una serie de pruebas o exámenes.
Las fases para alcanzar la maestría eran, primero la fase de aprendiz, después la de oficial y por último la de maestro-. Pero para ser zapatero eran necesario que hubiese un antecedente del oficio en la línea directa o a las viudas se les permitía contratar un zapatero para continuar el oficio

El lado oscuro del oficio

Pero no siempre fueron los zapateros respetados en la sociedad en la que ejercían, hubo un tiempo en el que el trabajo se consideraba "oficio innoble", al igual que los curtidores; en el siglo XVII la manipulación de las pieles había que hacerla "extra muros", es decir fuera de las ciudades por considerar que los malos olores y los productos de conservación podían traer infecciones.

Rehabilitación del oficio de zapatero en España

La Real Cédula de Carlos III, declaraba a los zapateros y a los curtidores, entre otros, "oficios nobles" que no envilecían a las familias ni a las personas que lo ejercían y rehabilitaba a los zapateros para poder ejercer cargos públicos y realizar su trabajo libremente.

Vidriera inglesa representando a un zapatero en la Edad Media. Imagen Google

El poder de los gremios de zapateros

En algunas ciudades Europeas, los gremios de zapateros eran los más importantes, en Florencia alcanzaba hasta 3000 miembros en el siglo XIII; realizando sus trabajos próximos al Ponte Vecchio; en Milán los zapateros formaban parte de las clases medias-altas; en España en el año 1202, el gremio de zapateros de Barcelona era uno de los más poderosos y ricos de la Ciudad Condal y de los más antiguos del continente.

Personajes ilustres que fueron zapateros

En el "libro de oro" de la profesión, entre otros, figuran el profeta Mahoma; el botánico Carl Von Linné; el poeta Hans Sachs que fue inmortalizado en la obra de Richard Wagner "Los maestros cantores de Nuremberg; el escritor León Tolstoi; Aniano, obispo de Alejandría; el franciscano San Felix de Nicosia.

Como epílogo a este corto acercamiento al oficio de zapatero, que mejor final que transcribir unas frases de Miguel de Unamuno dedicadas al "maestro sutorio", en el libro El sentimiento trágico de la vida... "Aquí teneis un zapatero que vive de hacer zapatos, y que los hace con el esmero preciso para conservar su clientela. Ese otro zapatero vive en un plano espiritual algo más elevado pues tiene el amor propio de su oficio, y por pique o pundonor se esfuerza en pasar por el mejor zapatero de la ciudad o del reino, aunque esto no le dé más clientela ni más ganancia y sólo renombre y prestigio. Pero hay otro grado aún mayor de perfeccionamiento moral en el oficio de la zapatería, y es tender a hacerse para con sus parroquianos el zapatero único e insustituible, el que de tal modo les haga el calzado que tengan que echarle de menos cuando se les muera....y piensen sus parroquianos, que no debía haberse mueto, y esto es así porque les hizo calzado pensando ahorrales toda molestia.... les hizo el calzado por amor a ellos y por amor a Dios en ellos, se lo hizo por religiosidad"