La industria del Isidro Aguado Aravid, fue pionera del sector hormero en España, desde su fábrica en Elda se suministraban hormas a casi la totalidad de empresas del país. Su último descendiente Isidro Aguado Sánchez, donó una única y extraordinaria colección de máquinas al Museo del Calzado que engrandeció su patrimonio dando testimonio de un mecenazgo personal digno de encomio.
Hormas Aguado, de artesanía a industria
Isidro Aguado Aravid marcó el inicio de una tradición familiar que se extendería por generaciones
José M.ª Amat, fundador del Museo del Calzado de Elda, recuerda la fábrica de Hormas Aguado
La fábrica de hormas Aguado no fue solo un taller; fue un auténtico semillero de innovación y maestría en el mundo del calzado. Fundada por Isidro Aguado Aravid en el siglo XIX, esta empresa surgió en una época en la que el calzado artesano comenzaba a consolidarse. Desde muy joven, Isidro mostró talento y dedicación, elaborando zapatos a medida para pies con deformaciones y creando sus propias herramientas, ya que en aquella época casi no existían productos comerciales para el oficio. Como señalaba José María Amat, fundador del Museo del Calzado de Elda: “Quizás sea la fábrica más importante que ha habido en la historia de la de componentes”. Su habilidad para tallar hormas de manera precisa marcó el inicio de una tradición familiar que se extendería por generaciones.
Con el crecimiento de la demanda, Isidro Aguado decidió profesionalizar su actividad, trasladando el taller a la zona de la Alfaguara, aprovechando la energía hidráulica del río Vinalopó. Allí construyó naves para maquinaria, oficinas y secaderos, gestionando con precisión todo el proceso de fabricación: desde el corte de hayas traídas de los Pirineos hasta la secadora y el modelado de cada horma.
La dedicación de Isidro y su hijo Marino permitió que la fábrica se consolidara como referente, atrayendo a fabricantes que antes importaban sus hormas y formando a generaciones completas de hormeros, muchos de los cuales se convertirían en figuras clave del sector.
A lo largo del siglo XX, la fábrica Aguado se adaptó a los cambios tecnológicos, incorporando tornos reproductores y electricidad, manteniendo siempre un compromiso con la calidad artesanal. La empresa no solo abasteció a la industria nacional, sino que también atendió pedidos internacionales, como el envío de 40.000 hormas a Cuba, demostrando la magnitud de su capacidad productiva. Como recuerda Amat: “Era una escuela de hormeros, todos los hormeros de Elda han pasado por Isidro Aguado… cualquiera que tuviese que trabajar en la horma, tenía que pasar por él”. Hoy, la historia de la fábrica Aguado sigue siendo un testimonio del ingenio, la perseverancia y la pasión que impulsaron al calzado español a niveles de excelencia mundial.
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